Puede ser que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) -corriente sindical opositora al SNTE que lidera la tristemente célebre maestra Elba Esther Gordillo- tenga razón en solicitar democracia sindical. Seguramente no está en lo correcto al rechazar el acuerdo por la calidad educativa, el cual incluye una evaluación universal para los maestros y la falta de coincidencia durará mucho tiempo.

Pero qué culpa tienen de todo lo anterior los habitantes de la capital que sufrieron los bloqueos organizados por esa falange sindical la semana pasada. Ése es uno de los elementos fundamentales que no aparecen en las muchas notas periodísticas que se publicaron sobre esos plantones. ¿A cuántas personas inocentes o ajenas se perjudicó con esas movilizaciones? ¿Qué costo tuvieron en pesos y centavos los daños incurridos?

Muy difícil de entender es la postura tomada por las autoridades del GDF, poniéndose totalmente del lado de los paristas e ignorando por completo el daño a las personas afectadas. Según las crónicas, los movilizados del CNTE paralizaron completamente la ciudad custodiados por 17,000 policías. Parece querer justificarse la actitud de las autoridades en una suerte de juicio implícito: el lado del bien , por el cual debemos obviamente inclinarnos, está poblado por los paristas y marchistas que invaden las calles; del lado del mal se encuentran los automóviles y demás vehículos que intentan circular para llegar a su destino.

En la etapa electoral que ya se ha iniciado en el Distrito Federal, el tema necesariamente deberá discutirse en las campañas. ¿Deben reglamentarse las marchas? El lector estará de acuerdo en que sí deberían reglamentarse y esa reglamentación tiene que empezar con una definición: ¿qué debe entenderse por marcha? Como la palabra lo indica, un contingente que se desplaza, avanza o camina. Ése fue el problema esencial con los protestantes de la CNTE: no marcharon, sino que se quedaron plantados en puntos neurálgicos de la ciudad para causar el mayor perjuicio posible.

Un último punto económico: los simpatizantes de la CNTE arribaron a la capital a bordo de un gran número de autobuses de turismo.

La pregunta no es ociosa: ¿de dónde salió el dinero para pagar el alquiler de esos vehículos y también los gastos de los manifestantes mientras estuvieron en la ciudad? No se sabe, pero cabe planteárselo: ¿a qué intereses ocultos sirven o cuáles poderes utilizan a la CNTE en su beneficio?

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