El principio fundamental de la teoría económica tiene que ver con el costo de tomar una decisión, en términos de la opción alternativa. A veces, dicho costo puede quedar establecido con claridad en términos pecuniarios, aunque lo más difícil es precisamente establecer dicho costo cuando las repercusiones de una decisión no son del todo claras.

El proceso electoral del pasado 1 de julio está en manos del tribunal, debido a una impugnación interpuesta por el candidato perdedor y los partidos que lo apoyan, acción que no fue sorpresa para nadie, dados los antecedentes, tanto del candidato, como de sus partidos y seguidores cercanos.

Es muy grande la probabilidad de que el tribunal falle en contra de dicha impugnación, debido a que, aparte de la imaginación del candidato perdedor y de sus seguidores, no hay muchos elementos que aporten pruebas, aunque también ha surgido un grupo de acarreados, con deseos de convertirse en figuras, que dicen estar en contra de la supuesta imposición. Resulta en verdad un insulto a la inteligencia de los millones de electores que votaron en favor de los diversos partidos contendientes que un pequeño grupo de los perdedores y unos cuantos acarreados sostengan esa afirmación, aunque en su actuar llevarán la penitencia, que verán en los siguientes comicios federales. Lo que preocupa es que este pequeño grupo de personas no perciba el verdadero costo de su actuar irresponsable.

Es un hecho que salta a la vista la necesidad de que en el país se realicen una serie de cambios y reformas en diversas áreas con el objetivo de recuperar el crecimiento económico a una tasa elevada y recuperar el bienestar que quedó estancado desde hace varias décadas. Para ello se necesita la unidad de todos, con mayoría apabullante, teniendo en mente que nuestro país requiere atraer grandes flujos de inversión extranjera para promover el crecimiento a todo lo largo y ancho del país, asignando los recursos federales a combatir la inseguridad, mejorar la seguridad pública y la procuración de justicia.

Con estas acciones, los disidentes minan la legitimidad de un proceso y la victoria por mayoría de un candidato, sembrando la duda y provocando el rencor dentro de aquellos que ya se veían beneficiados con la oferta populista del candidato perdedor. Este costo es muy elevado y lo tendremos que pagar todos.

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