Todos hemos sentido que el dinero que ganamos no nos alcanza para comprar todo lo que nos gustaría tener. Es algo natural y sólo nos confirma que el dinero es un recurso escaso: por eso es tan importante administrarlo con inteligencia. Eso significa que tenemos que priorizar: decidir qué es más importante y qué podemos dejar para después.

Sin embargo, mucha gente decide comprar las cosas de todas formas, porque se pueden pagar a “meses sin intereses”. En otras palabras, están adquiriendo una deuda: gastando dinero que todavía no han ganado. Esto significa que parte del dinero que reciban, ya no lo podrán usar para necesidades futuras: tendrán que utilizarlo para pagar las mensualidades de aquello que ya compraron antes, dejándoles menos dinero para otras cosas (una mayor sensación de escasez).

En algunos casos esto continúa: se piden nuevos préstamos para mantener el “poder de gasto”, créditos que son cada día más difíciles de pagar hasta que ya no se puede. Esto, lamentablemente, sucede con mucha frecuencia en nuestro país, sobre todo en la clase media, que tiene un ingreso comparativamente mucho menor que en países económicamente más desarrollados.

En mi experiencia, la enorme mayoría de los problemas financieros de las personas y familias tienen que ver con la manera cómo gastan su dinero. Lo veo con gente muy cercana a mí, gente que vive muy limitada pero que aún así “necesita” comprarse el celular recién lanzado, obviamente a pagos.

Antes de seguir, quiero dejar una cosa muy en claro: no se trata de no gastar. Para nada. Se trata de hacerlo de manera inteligente, consciente y en equilibrio. Nada más.

Creo que ya he hablado de esto antes, pero conozco una mujer que adora los zapatos de diseñador y tiene una buena colección de ellos. Pero los compra porque gana bien y puede hacerlo. Ella no tiene deudas, tiene un fondo para emergencias y cada mes ahorra para su retiro, de manera automática. Gasta poco en otras cosas y eso le permite comprarse zapatos. ¿Está mal? No, porque eso es importante para ella y no está dejando de lado otras cosas aún más importantes, como el ahorro para el retiro, además de que mantiene sus finanzas en orden.

El problema es que hay personas que se endeudan para esto. Tienen sus zapatos, pero ni un peso ahorrado y con deudas que les ahogan, les estresan y les quitan margen de maniobra para otras cosas que en verdad son más importantes. A veces se puede, a veces no se puede. Entender esto es primordial.

El entorno social desde luego no ayuda. Las empresas compiten unas con otras y no son capaces de sobrevivir si no logran posicionar —y vender— su producto. Por eso la mercadotecnia y la publicidad están tan desarrolladas, basadas en psicología y logran tocar nuestras fibras más sensibles, nuestros deseos más profundos. A veces nos hacen pensar que se trata de una oportunidad única e irrepetible, otras es cuestión de estatus o de pertenencia. El hecho es que nos hacen pensar que “tenemos que tener” ese producto y muchas veces, dejar de pensar en cualquier otra cosa. Son maestros.

Entonces no es nada fácil. Por eso es tan importante aprender a planear y a priorizar, lo que implica necesariamente tener claras cuáles son nuestras prioridades. ¿Realmente es más importante tener el celular de última generación que vivir nuestros años dorados sin tener que depender de alguien más?

Los consumidores inteligentes saben diferenciar lo que realmente necesitan, de lo que desean. Son personas que tienen claras sus prioridades y saben qué es lo que pueden —o no— pagar. Deciden qué van a hacer con su dinero desde que lo reciben y lo modifican en el camino, si lo requieren. Hablaremos más en la segunda parte.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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