La historia de los servicios móviles en América Latina podría fácilmente resumirse como la historia de la demanda por ciertos tipos específicos de teléfonos celulares por parte de los consumidores en distintos periodos de los pasados treinta años. Los inicios de la masificación de la telefonía móvil se dan luego de la llegada del prepago a las Américas luego de la invención de este modelo por un operador portugués en 1995.

La incepción del modelo prepago al hasta entonces negocio de lujo significó el inicio de la búsqueda de teléfonos cada vez más baratos que le permitiesen ofrecer promociones como parte de una estrategia de crecimiento agresivo en las que el precio del dispositivo llegó a superar el 70% a 80% del subsidio entregado. Eran tiempos en los que varios operadores en la región competieron el error de querer comprar participación de mercado regalando celulares, aunque otros más atrevidos complementaron el reglo de dispositivos con el de televisores, MP3 y radios.

Con la llegada del nuevo siglo, se pensaba en la era de los datos. Atrás quedaban esas redes analógicas que tantos dolores de cabeza causaron a las unidades de negocio antifraude de los operadores móviles. Ahora la apuesta era por sistemas digitales más seguros en un ecosistema totalmente fragmentado y enfrentado entre las tecnologías con mejores economías de escala y la de mejor funcionamiento.

Nuevamente el teléfono es quien decide la batalla, al tener mejor economías de escala la tecnología inferior en ese momento también contaba con una mayor variedad de teléfonos a bajo costo. Esto se traducía en millones de dólares ahorrados en subsidios. Lo importante era entregarle al cliente el aparato bonito, aquellos llamados modelos “aspiracionales” donde el dueño se podría sentir parte de un segmento de la sociedad ajeno a su realidad.

No pasó mucho tiempo para que el comienzo de la saturación de líneas para que los consumidores desearan obtener un teléfono chico, mientras más diminuto parecía ser el teléfono más demanda s esperaba generara entre los consumidores. Así, en este afán de búsqueda por algo diminuto es que surgen los teléfonos de tapa o tipo concha. Fue tanto el éxito de ese modelo que su presencia en el mercado duró varios años.

Finalmente, las redes móviles comenzaron a funcionar entregando altas velocidades de conectividad a Internet lo que llevó a una nueva reformulación de los hábitos de los usuarios. El tiempo de los teléfonos pequeños había muerto, ahora lo importante es el tamaño de la pantalla y la capacidad de memoria que albergue el dispositivo. Poco a poco los botones fueron desapareciendo dejando a su paso una pantalla táctil de fácil uso.

Ahora casi todos los modelos se ven igual y las diferencias son muy pocas o pasan inadvertidas. También hay que decir que el quiebre con el pasado no se da por algo fortuito, es un quiebre que ocurre gracias a que el teléfono había dejado de existir para ser reemplazado por un computador de mano que usualmente es reemplazado cada 18 meses.

Lo interesante de estos nuevos computadores llamados teléfonos inteligentes es que cada vez los vemos por más lugares. La influencia china en la manufactura y distribución de gran parte de los dispositivos que se utilizan a nivel mundial no puede ser subestimada. Es por tal razón que cualquier política que pueda afectar las exportaciones de ese país al resto del mundo podría tener consecuencias peligrosas en el grupo de los consumidores con menor poder adquisitivo al enfrentar precios más altos. Dicho de otra manera, hay caprichos que salen caros.

* José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

 

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.