Tal y como les comentábamos en este mismo espacio hace una semana, el clima ha sido el principal motor de la fuerte volatilidad que hemos presenciado en los granos, particularmente en el maíz, debido a pronósticos de temperaturas elevadas y poca humedad en la zona oeste de la franja maicera de Estados Unidos y las planicies del norte, justo en el momento en que se da la polinización del cultivo y esto puede afectar sus rendimientos.

De hecho, el reporte sobre condiciones del cultivo publicado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) mostró el lunes pasado una reducción de cuatro puntos porcentuales al ubicarlo en 72 % de la superficie sembrada en condiciones buenas a excelentes, incrementando en 3 puntos porcentuales la superficie en condiciones buenas y 1% las malas, debido precisamente al clima que describimos, lo cual fue una reducción por encima de lo que esperaba el mercado, generando así presiones al alza para el maíz.

Por su parte, las inspecciones de exportaciones publicadas el mismo lunes se ubicaron en 1.4 millones de toneladas, es decir, en la parte baja del rango estimado por el mercado, pero todavía por encima de los niveles requeridos para cumplir con las expectativas del USDA en el rubro de exportaciones.

Otro de los factores que contribuyeron a la volatilidad, fue el rolado del fondo de Goldman Sachs, el cual consiste en salirse de las posiciones que mantiene en el corto plazo y trasladarlas a más largos plazos, razón por la cual pudimos ver mayor debilidad en el precio del contrato de julio y alzas en los contratos de la cosecha nueva, es decir, a partir de septiembre.

Y para aderezar el tema, el jueves tuvimos reporte sobre oferta y demanda mensual del USDA, el cual sacó las tijeras para recortar los inventarios finales de la cosecha vieja, es decir, la del ciclo 20/21, los cuales se trasladan como Inventarios iniciales al balance de la cosecha nueva, impactando negativamente también la expectativa de Inventarios finales de este ciclo.

A nivel mundial, el reporte del USDA redujo en 2.93 millones de toneladas los inventarios finales del ciclo 20/21 para ubicarlos en 280.6 millones y pasarlos como inventarios iniciales del ciclo actual.

Cabe resaltar que el mercado esperaba que se ubicaran en 280.2millones, mientras que para la cosecha nueva, ubicó los inventarios finales en 289.41 millones, es decir, le redujo 2.89 millones de toneladas, pero todavía por encima de los 287.7 millones que esperaba el mercado, lo cual sería neutral para el comportamiento de precios; sin embargo, el jueves el maíz logro cerrar en terreno positivo.

Las presiones en precios vinieron más bien por el reporte a nivel Estados Unidos, donde los inventarios finales de maíz para el ciclo 20/21 se ubicaron en 28.12 millones de toneladas contra los 30.43 que esperaba el mercado y los 31.93 millones del reporte anterior, básicamente por estimaciones de mayor demanda para etanol por 1.91 millones de toneladas y otro tanto igual para exportaciones, mientras que para el ciclo 21/22, los inventarios finales se ubicaron en 34.47 millones contra los 35.71 que esperaba el consenso del mercado y 38.28 millones estimados del mes anterior.

Lo interesante a resaltar es que el USDA no tocó ninguno de los otros rubros del balance. Dejó igual las expectativas de rendimiento en 11.27 toneladas/hectárea, no toco la estimación de la superficie a sembrar y cosechar, así como tampoco modifico en forma alguna los datos de consumo, a pesar de que los participantes del mercado esperaban incrementos en la demanda para la cosecha nueva en etanol y exportaciones.

Al cierre del viernes, el maíz cedió y los tableros del piso de remates de Chicago se pintaron de rojo; pero, es importante resaltar que el maíz a marzo ha subido casi 18% del 25 de mayo a la fecha.

El mercado se seguirá moviendo con los pronósticos climatológicos y la volatilidad seguirá siendo la constante. Les recuerdo que la acción de precios puede cambiar tan rápido como el clima. Mejor tomen coberturas.

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