En la guerra del gobierno federal de Felipe Calderón Hinojosa todo se multiplica: números de soldados y policías, gasto público, armas, vehículos, detenidos, muertos, desaparecidos, pero no el decomiso del dinero de los cárteles de la droga.

El 15 de enero la titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Marisela Morales Ibañez, informó que en lo que va del actual sexenio, se ha decomisado a la delincuencia organizada 580 millones de pesos y cerca de 930 millones de dólares (mdd), en total unos 976 millones de dólares. Probablemente sea una cifra para presumir comparada con sexenios anteriores, pero es una cifra ridícula si se le mide con el volumen del negocio que mueve el narcotráfico en México.

Aunque variables, las cifras de dinero del narcotráfico son inmensas: la cifra más conservadora se sitúa en torno a los 20,000 millones de dólares anuales, y la más alta en torno a los 40,000 millones de dólares por año.

La suma de recursos es exorbitante: significa que en cinco años el narcotráfico ha movido más de 100 mil millones de dólares en la cifra conservadora, o más de 200 mil millones de dólares en la cifra más alta.

Ya lo sabemos: se trata quizá de la segunda fuente de ingresos del país, por debajo de los ingresos por la venta de petróleo que de 2007 a 2011 rondan los 210 mil millones de dólares, en tanto que el dinero que mueve el narcotráfico es superior a la derrama que deja la industria del turismo: unos 61 mil millones de dólares; supera los ingresos por remesas que envían nuestros paisanos que trabajan en Estados Unidos y que en cinco años de lo que va de la actual administración federal ascienden a unos 115 mil millones de dólares. El dinero que mueve el narcotráfico es superior también a los capitales que han llegado al país por inversionistas extranjeros, que rondan los 165 mil millones de dólares (las cifras de 2007 a 2010 se pueden consultar en el informe anual del Banco de México de 2010).

Las cifras nos dicen por sí solas que la política de Calderón de decretar la guerra al crimen organizado ha sido extremadamente ineficaz en detener el flujo de capital que mueve el narcotráfico: apenas se ha decomisado entre el 1 por ciento y el .5 por ciento de los recursos que mueven las organizaciones delictivas dedicadas a la venta ilegal de drogas.

Ya otros estudiosos han puesto en duda la eficacia de la política antidrogas centrada en el combate armado y en la supuesta desarticulación de cabezas de los cárteles de la drogas ( ver ensayo e Eduardo Guerrero en Nexos), y a esto se añade la ineficacia en el decomiso de dinero que mueven los cárteles de la droga. Se ha fracasado por completo.

Esta es una evidencia más acerca de la inoperancia y del fracaso de la política en contra de la delincuencia que plantea Felipe Calderón.

El cruce de datos más abrumador es que mientras la cantidad de muertos supera las 60 mil víctimas y el número de desaparecidos supera las 45 mil personas, en contraparte el decomiso de dinero que genera el narcotráfico es ridículo.

De otro lado, la estratosférica cantidad de capital que mueve el tráfico ilegal de drogas debe dar una idea, también, de la cantidad de mexicanos que participan en esa economía ilegal.

La cantidad es por sí misma una afrenta a las clases gobernantes, pues revelan a un gobierno incapaz de ofrecer alternativas de ingreso y subsistencia decentes para millones de personas.

En el fondo, esta es la cuestión: la crisis de un sistema político y económico que no ofrece alternativas de vida decentes para millones de mexicanos.

Los números parecen indicar, lamentablemente, que el narcotráfico ha sido más exitoso que el Estado mexicano y toda la clase política profesional para ofrecer expectativas de ingresos para cientos de miles de familias. Esta es una razón más para cuestionar la política antidrogas del gobierno de Calderón.

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