Hasta ahora las indagatorias sobre el presunto lavado de dinero y la venta de gasolina procedente de ordeña ilegal que involucra empresarios y prestamistas del Bajío, dejan ver muy poco sobre el involucramiento de funcionarios públicos. En cambio, las evidencias apuntan a una trama financiera en la que los hermanos Francisco Javier y Óscar Rodríguez Borgio, de la mano del bróker David Díaz Álvarez, serían los principales protagonistas.

No soy un coyote , reclamaba una y otra vez Díaz Álvarez cada vez que se metía en problemas. Lo cierto es que desde su época estudiantil –se graduó como ingeniero industrial en la Universidad Panamericana– supo combinar los estudios con los mercados bursátiles.

A principios de la década de los noventa, fugazmente emparentó con José Serrano. Aún antes, con mucha suerte, pudo hacerse de fama y fortuna. De la dirección ejecutiva del Grupo Financiero Multiva –antes de que lo adquiriera la familia Vázquez Raña– saltó a la dirección general de la casa de bolsa Ixe, que dejó en 1999 para fundar Consultoría Internacional, una casa de cambio que posteriormente se fusionaría con Latin America Money Services, una de las pioneras en la transferencia de divisas.

Eran los años en que la fortuna también sonreía a su primo Francisco Gil Díaz y a otros cercanos, como los hermanos Guillermo y Tomás Braniff. En todo caso, su buena estrella se extendió al sexenio calderonista, gracias de nuevo a sus habilidades como corredor de bolsa y a sus vínculos familiares.

Díaz Álvarez incursionó en otros ramos empresariales. Es accionista de la tequilera Hacienda La Capilla y en el 2011 quiso inyectar –junto con Miguel Ángel Capriles López, de Caracas, y Alejandro Rodríguez Blanco, de Key Biscayne– 16 millones de dólares al Legacy Bank de Boca Ratón, Florida, pero las autoridades regulatorias les impidieron tomar el control de esa institución. Por esa época, cambió su suerte. Su intervención fue esencial para que los hermanos Rodríguez Borgio pudieran hacerse del control de Libertad, la caja de ahorros, con más de 1.5 millones de socios y activos que suman más de 9,000 millones de pesos, en una audaz operación que desde entonces llamó la atención de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Experto en este tipo de operaciones, Martín Díaz obtuvo un asiento en el Consejo de Administración de Libertad, como representante de los empresarios guanajuatenses, quienes además son los principales accionistas de Grupo Gasolinero México y permisionarios de los casinos Big Bola. El pasado lunes 17 los abogados de la caja de ahorros publicaron un desplegado –a plana entera– en los principales periódicos de circulación nacional para deslindarse de Díaz Álvarez, los hermanos Rodríguez Borgio y otros personajes libertinos.

La operación y administración de Libertad no tiene relación o vínculo con la empresa Oceanografía, salvo el convenio de patrocinio que sostenemos desde el año 2009 con Gallos Blancos, cuyo dueño, desde hace un año, es Amado Yáñez Osuna. De igual forma, ninguna de las personas mencionadas... son parte del capital de Libertad ni tampoco tienen cuentas de depósito o créditos abiertos con la institución .

Díaz Álvarez, está claro, no toma decisiones en Casa Libertad ni en Oceanografía, de la que obtuvo un paquete accionario (sólo 3%, en pago a sus servicios en la restructuración de los pasivos de la empresa de Amado Yáñez). No obstante, Petróleos Mexicanos decretó suspender sus contratos con ese proveedor.

Al interior de Libertad se sabe que Martín Díaz se enteró de esta investigación a mediados de noviembre, por lo que incluso trató de gestionar con Pemex y la subsecretaría de Hidrocarburos para conocer los detalles y, en cierta medida, tomas sus precauciones.

Indisolublemente, la historia de Díaz Álvarez está ligada a los hermanos Rodríguez Borgio. A fines de la semana pasada se reunieron en España, donde esperan que amaine el temporal. Las autoridades federales detectaron que Díaz Álvarez estaba en Vail, Colorado, cuando se divulgó la información de la investigación que lo involucra. Fiel a su estilo, a gritos reclamó derecho de réplica. Incluso demandó al noticiario matutino de mayor audiencia en la televisión abierta. Lo mandaron a volar.

EFECTOS SECUNDARIOS

¿ REVANCHA? Muy pocos personajes pueden presumir de concitar la furia del titular de la extinta SSP, Genaro García Luna, y del actual secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos. Uno de ellos es el empresario Susumo Azano. En los últimos dos años de la administración calderonista obtuvo cinco contratos en la Sedena para instalar el equipo de telecomunicaciones de lo que después se convirtió en el Centro Militar de Inteligencia, ubicado en el Campo Militar Número Uno. El monto de esos contratos excedió los 5,000 millones de dólares, de los cuales cerca de 10% quedó pendiente de pago, cuando comenzaron a circular informes sobre las vinculaciones de Azamo en negocios de dudosa legalidad. Ante los golpes periodísticos y las negativas para liquidar el adeudo, simplemente bajó el switch y nulificó los programas PSS, Circles y Zarzamora, cuyos servidores madre están en Israel. Así, el centro neurálgico de inteligencia del Ejército mexicano se encuentra inservible.