Cuando uno voltea a ver al sector educativo se pueden observar una serie de indicadores que podrían espantar al más pintado, como es el bajo desempeño en varias pruebas, nacionales y extranjeras, así como el elevado número de jóvenes que decide abandonar los estudios, en especial la educación a nivel medio superior.

Dentro de las razones esgrimidas por los jóvenes para tal decisión se encuentran las relacionadas con las dificultades económicas para mantenerse en el sistema, en especial cuando los familiares no tienen trabajo o se encuentran en uno de esos periodos de bajo ingreso, aunque la más preocupante es la relacionada con la total falta de interés de los jóvenes por mantenerse en la escuela. Aparte de considerarla una actividad aburrida, según muchos no les ayudará a tener mejores oportunidades de empleo cuando terminen, además de que existen muchas actividades alternativas a estudiar que les redituarán un ingreso, en algunos casos importante.

Esto hace que se ocupen en el sector informal de la economía y, en algunos casos, en actividades delictivas que efectivamente son mejores que obtener una beca de oportunidades para estudiar o vivir de lo poco que sus familiares les puedan dar para mantenerse mientras estudian.

Si bien el rendimiento social del gasto público realizado para que terminaran la primaria puede ser positivo y elevado, no se puede decir lo mismo de lo que se gasta en los siguientes grados de estudios, el cual se deja cuando se deciden a abandonar el sistema.

En este caso estamos hablando de un rendimiento francamente negativo, ya que la sociedad deja de recibir otros servicios para financiar el servicio educativo y, posteriormente, no recibe ningún beneficio.

Quienes abandonan y se incorporan al sector informal o a las actividades delictivas por lo general no pagan impuestos ni aportan contribuciones al sistema de ahorro para el retiro, por lo que de nueva cuenta la sociedad pierde.

Aprovechar este bono demográfico se puede traducir en una serie de beneficios que podrían redituar al país y, en cambio, no incorporar a esos jóvenes al sistema puede provocar, en el futuro, problemas como tener que dedicar cantidades crecientes de recursos públicos a un segmento de la población que demandará más y mejores servicios, pero que nunca hizo ninguna aportación al sistema. ¿Cuál problema es mayor? No sabemos, pero ambos tienen que ver con la mala calidad del sistema, problema que habrá que resolver a la brevedad.

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