El denominado post election blues bien podría ser el título de una canción de blues compuesta por algún gran blusero como Jimmy Reed, John Lee Hooker o B.B. King. Pero no, se refiere a un síndrome que puede abatir en la tristeza a ciertas personas después de concluido un evento importante. Ejemplos son el sentimiento que puede surgir en una madre después de dar a luz (“blues posparto”) o la sensación que nos invade el 26 de diciembre una vez finalizada la Navidad. Así, al concluir la elección del pasado domingo, puede surgir también el síntoma del blues poselectoral (BPE). Éste se da principalmente entre los votantes y en los candidatos perdedores.

Durante meses estuvimos inmersos en las campañas políticas: varias horas cada día siendo bombardeados por la radio y la televisión, redes sociales saturadas, continuo seguimiento de muchas encuestas, debates y promesas de los candidatos y descalificaciones mutuas. El 1 de julio representó el clímax de una larga y agotadora jornada. Muchos habrán soportado un hartazgo con este proceso y por lo tanto se sintieron aliviados con su terminación. Pero para otros, el día después despertaron con sentimientos políticos colectivos equivalentes a un 26 de diciembre: el ansiado evento terminó, tuvo un resultado final irreversible (queremos pensar) y deberán reconectarse con su normalidad cotidiana.

Una elección no únicamente implica un aspecto político. En muchos, los partidos y los candidatos que apoyan son una parte importante de su identidad. Por ello, es normal que se presente el BPE, sobre todo en aquéllos para quienes el resultado electoral no fue el esperado. Para ellos, seguirán días de enojo, frustración, lamentaciones y desconcentración. Se dedicarán a pronosticar el futuro bajo el candidato ganador con un sesgo sombrío porque les costará trabajo aceptar la realidad de la derrota. Esto puede tener un impacto social multiplicador. En todo caso deben canalizar su oposición por los canales institucionales, pues ante todo hay que respetar las reglas de la democracia y la ley.

El síndrome aludido también puede afectar a los candidatos perdedores. Para ellos, vienen días de reflexión para desentrañar los errores de campaña, las estrategias fallidas, señalar culpables, pensar los siguientes pasos de vida y decidir si se desea continuar para buscar un espacio político. El BPE probablemente afectó a Meade en forma inmediata, pues fue una gran irresponsabilidad que el domingo, a escasos minutos del llamado a la cordura de  Lorenzo Córdova a no adelantar vísperas de resultados, haya anunciado el triunfo de López Obrador. Él no es autoridad electoral y para respetar la ley debió esperar al comunicado del INE de las 11 de la noche.

Finalmente, a pesar del júbilo de haber alcanzado la ansiada meta del triunfo, en el ganador también puede presentarse el BPE. Recordemos una película de 1972 titulada El candidato en que el actor Robert Redford interpreta a un aspirante a senador quien después de una extenuante lucha resulta ganador; al anunciarse su triunfo, se aparta con su coordinador de campaña y le pregunta: “¿Y ahora qué hacemos?”.