La mayoría de los mercados accionarios tuvieron un desempeño muy débil durante mayo... La caída refleja preocupación sobre lo que está ocurriendo en Europa, el impacto incierto de una mayor regulación financiera en Estados Unidos y, sobre todo, el temor a que la recuperación económica a nivel global esté en riesgo.

Los indicadores económicos de las principales economías han tenido un desempeño mixto a últimas fechas; en un contexto de mayor volatilidad, provocada por los problemas fiscales de varios países de la Unión Europea, esto ha constituido un recordatorio de que no todo está perfecto.

Antes de este ajuste en los mercados, las bolsas de valores a nivel global parecían haber desarrollado una capa de teflón en la que las noticias malas simplemente se resbalaban. En términos más llanos, esta situación se puede describir simplemente como una complacencia de los inversionistas que parecían no estar dando el peso prudente a los factores de riesgo que se mantienen aún vigentes.

Aunque pareciera que estas líneas se adaptan perfectamente a lo ocurrido en las últimas seis semanas, estos párrafos fueron escritos por este columnista el 1 de junio del 2010, un mes antes de que los mercados tocaran su nivel mínimo desde finales del 2009.

El año pasado, la caída empezó desde finales de enero con los primeros indicios de una mayor gravedad en la crisis de finanzas públicas de los países de la periferia de la Unión Europea y un cúmulo de noticias económicas negativas.

El 2 de julio del 2010 el índice Dow Jones alcanzaba un mínimo de 9,686 puntos, nivel del cual comenzaría una fuerte recuperación que llevaría al índice a 11,577 puntos al cierre del 2010.

La fuerte recuperación del mercado no fue realmente impulsada por un cambio fundamental en las noticias negativas que habían iniciado la caída, sino por la anticipación y posterior anuncio de la Fed de aumentar su compromiso de inyección de liquidez a la economía, mejor conocido como QE2.

En la reedición de este bache veraniego en el 2011, la mayoría de los analistas y observadores de mercado opinan que estamos ante un ajuste temporal, un bache en la actividad económica global provocado por la resaca del sismo-tsunami- y crisis nuclear de Japón.

Sin embargo, hay quienes tienen una valoración más pesimista de la situación actual y apuntan a una reedición de una tormenta perfecta que podría sumir a los mercados en una espiral negativa más profunda.

No es sorprendente que dentro de este grupo de expertos se encuentre Nouriel Roubini, ampliamente conocido por su atinada predicción de la crisis financiera del 2008-09.

En una reciente entrevista con Bloomberg, Roubini mencionó que los elementos de la tormenta perfecta son la crisis fiscal en EU, una desaceleración de la economía china, la reestructura de la deuda de los países de la periferia de la Unión Europea y la falta de crecimiento en Japón.

Para Roubini, existe una probabilidad no despreciable -una de tres- de que estos factores se combinen para empinar a la economía global en un escenario de prolongado estancamiento. Para Roubini, los elementos de fragilidad no son nuevos. El elevado desempleo en EU, combinado con el alza en los precios de los energéticos y los alimentos y el alza en las tasas de interés en los países emergentes pueden converger en un escenario inevitable de desaceleración. Roubini también reconoce que hay otros escenarios: uno donde el crecimiento económico es positivo, pero anémico; otro optimista donde la actividad económica retoma un ritmo de crecimiento más acelerado.

Aunque Roubini se ha caracterizado por ser un pesimista empedernido y sus predicciones no han sido siempre atinadas, resulta difícil no encontrar mérito en algunos de sus argumentos.

En este espacio hemos abordado en varias ocasiones la gravedad del problema fiscal del mundo desarrollado y la fragilidad de la confianza de los inversionistas que hoy siguen comprando deuda del gobierno de EU y haciendo sostenible la situación.

Aunque las valuaciones de las acciones comienzan a ser atractivas, no es fácil tomar la decisión de apostar a una recuperación de los mercados para la segunda mitad del año como la ocurrida en el 2010.

Ante la falta de una nueva ronda de inyecciones de liquidez por parte de la Fed -un QE3-, resulta difícil encontrar un detonador que reinstale la confianza en los mercados.

A pesar del ajuste de las últimas seis semanas, resulta difícil vislumbrar un repunte en el corto plazo ante la gran cantidad de frentes abiertos con distintos niveles de incertidumbre.