México cuenta con los fundamentos macroeconómicos para mantener la LCF.

Hay una gran atención a lo que puedan hacer las firmas calificadoras con la nota crediticia que tienen asignada a la deuda mexicana.

Hay una fascinación con ese indicador, tanto como lo hay con el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, porque se les da un valor de termómetros del comportamiento económico.

Pero mientras los índices bursátiles suelen adelantarse a lo que ocurre en el resto de las economías, las notas crediticias son una consecuencia de lo que estas firmas financieras analizan respecto a determinado emisor de deuda.

Si finalmente Standard and Poor’s, Moody’s o Fitch Ratings (que son las tres calificadoras con más atención social, pero no las únicas) optan por rebajar las notas que tienen asignadas a la deuda mexicana, será consecuencia de lo que ya ocurrió en las finanzas y que ponderaron como determinante para recomendar en menor medida esa inversión.

Las notas crediticias no son una opinión política, ni siquiera económica sobre un país, son una escala del nivel de cumplimiento de pago de las deudas que elaboran con base en sus criterios de calificación.

Invierta en Alemania, con su calificación de AAA, y tendrá más posibilidades de que le paguen su bono al final del plazo, más fácilmente de lo que lo haría El Salvador y su nota CCC-.

Hoy las posibilidades de degradación crediticia de las notas mexicanas son menores de lo que eran en enero pasado. Sin embargo, son sólo esas firmas y sus analistas los que habrán de decidir qué hacen. Como sea, lo que cuidan es su prestigio ante sus clientes.

En medio de esta atención a las calificaciones crediticias, hay un dato que salió la semana pasada de la Reunión de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que si bien logró lugares destacados en la prensa, vale la pena destacar en estos tiempos en que la baja confianza de consumidores, analistas e inversionistas es la constante.

Desde la óptica del FMI, México cuenta con los fundamentos macroeconómicos adecuados para mantener la Línea de Crédito Flexible (LCF) renovada en mayo del año pasado y por dos años.

Los más de 85,000 millones de dólares que pone a disposición el FMI, más las reservas internacionales, superiores a los 175,000 millones de dólares, son un rottweiler en la puerta de entrada a los mercados mexicanos: no sabemos si será lo suficientemente bravo, pero sin duda intimida a los especuladores.

Ya vimos la semana pasada que cada vez que le haga falta y se acuerde, Donald Trump usará a México para contener la ira de su clientela política a la que tan mal le ha quedado con sus promesas de campaña.

Así que no es posible librarse de esos embates que generan turbulencia, por ello es necesario seguir con la corrección de las débiles finanzas públicas para que la vulnerabilidad sea menor.

Así que este aval del FMI a la condición de las finanzas públicas, con su respectivo premio de mantener la línea de contingencia, es una buena noticia para mejorar la confianza interna.