Hay un tórrido romance entre los dólares de EU y los países emergentes.

La liquidez enamoró instantáneamente a los mercados emergentes, que cayeron a sus pies y se dejaron llevar con lo deslumbrante de su belleza. Ese color verde dólar resultó irresistible y se entregaron a sus brazos.

Pero el enamoramiento es pasajero. Y aunque todos lo sabían dieron rienda suelta a un affaire que anticipaban que terminaría con el desprecio del dinero y el despecho de los frágiles mercados conquistados.

Pero los regalos eran irresistibles. Los miles de millones de dólares que compraban estabilidad cambiaria, bajaban las tasas de interés locales, daban una mejor cara de estabilidad y crecimiento para las enamoradas economías.

Y aunque nunca hubo una promesa de amor eterno, todos confiaron en obtener un beneficio de esa relación planteada como fugaz. Porque al final del día, la liquidez excesiva era parte de un proceso de baja en la actividad económica en las economías desarrolladas.

Pero aun sin un discurso de bajar el sol, la luna y las estrellas tenían confianza en que el día que terminara el romance cada quien se iría de vuelta a sus orígenes y se recordarían por siempre.

No ha sido una separación tranquila, más allá de las lágrimas de perder al ser amado lo que hay es una desilusión financiera profunda. Sobre todo de aquéllos que creyeron más en las palabras de amor del dinero, como turcos o brasileños.

Hay otros que están más curtidos por desilusiones anteriores y algo han aprendido, podemos poner ahí al mercado mexicano y están también los que tienen fama de ser malos amantes y viven sus crisis de soledad, como el mercado argentino.

No hay duda de que en el tórrido romance de los dólares con los emergentes es mucho más importante el dinero que el amor, por eso no dudan los capitales en salir corriendo hacia sus hogares de origen al más mínimo guiño.

Por eso es que los propios causantes de esa relación monetaria intensa son los mismos que proponen los caminos para una salida digna de esa relación a través de una separación paulatina de los estímulos monetarios tan gustados.

Si la liquidez propiciada por la Reserva Federal (Fed) fue la invitación a la promiscuidad financiera, el plan de retiro de estímulos es equivalente a la psicoterapia de rehabilitación.

El tapering de la Fed es el equivalente al tenemos que hablar o al no eres tú, soy yo . Es hacerle saber al enamorado de sus dólares que te vas a ir, pero que tratarás de hacerlo de manera gradual para que le duela menos.

El enamoramiento de los dólares está llegando a su fin. La mayoría de los mercados amantes de la liquidez resiente en su depresión esa ausencia. Pero también es momento de diferenciar entre la calidad de los amores financieros.

Cuando se disperse esa neblina que provoca el enamoramiento quedarán al descubierto los buenos partidos entre los mercados emergentes, porque sí los hay. Y entonces ya con más tranquilidad, con menos arrebato, regresará la calma y, con ella, el amor cotidiano del dinero y los mejores rendimientos.