Está feo, ¿verdad?

1. Los maestros, violentos, en holganza. Instituciones y derechos de terceros valen un comino. A los quejosos en turno se suman, invariablemente, en marchas y plantones, los revoltosos de siempre, membretes de gente cooptada para formar grupos de presión, que en realidad son de choque.

El ogro filantrópico no deja de ceder cachos de autoridad legítima: siempre no te evalúo, toma más vacaciones, la plaza es tuya y haz con ella lo que quieras.

2. El extraño caso del iluminado barbón que tiene un fenomenal poder de convocatoria y madrea con violencia a unos candidatos que lo escuchan con sonrisa de conejo.

Quiero esto y me lo van a conceder. La cima de su protagonismo, por eso reparte sonrisas, besos y abrazos a tutiplén.

3. Los jóvenes estudiantes, enardecidos, ¿quién contra ellos, si son los limpios de corazón y la esperanza de la patria?

Maniqueísmo: todo es corrupción y negocio. El poder, en manos del capital y de los medios. Hay que democratizar a éstos. Whatever that means.

El mismo disco rayado de don Andrés Manuel. ¡Qué casualidad!, ¿no? Alguien dijo, hace poco, algo así como ¡al caño con las instituciones! Ninguna de las que existen vale.

4. A hurtadillas se pide dinero para el político equis o la causa zeta. Se identifica el escenario: la casa del señor Creel, descendiente de rica e influyente familia porfiriana.

¿Quién iba a decirlo? ¡La colecta es en beneficio de AMLO! Pasar la charola es práctica común de los partidos para cualquier cargo de elección popular, en la provincia y en el DF.

El poderoso económicamente tiene que estar bien con melón y con sandía, tener todas las velas prendidas.

5. La abominable violencia de narcolandia.

Esto es el batidillo preelectoral. Y lo que venga.

Falta ser objetivos. Reconocer lo que México ha podido construir a lo largo de los años: instituciones, cada vez más abiertas y plurales.

Tenemos la responsabilidad de poner un grano de arena para fortalecerlas, no para debilitarlas. Y, en lo personal, que influye en lo colectivo: mientras más educación y conocimiento, mayores posibilidades de vida mejor.

Así que los maestros, a aprender y enseñar; los jóvenes, a estudiar, y los empresarios, a impulsar sus negocios y dar empleos bien remunerados. Y todos, empezando por los políticos, a contribuir para que el ambiente sea respirable.

paveleyra@eleconomista.com.mx