Para calmar a los mercados, la Secretaría de Hacienda anunció apoyos por cerca de 500,000 millones de pesos en obra pública y canalización a través de la banca de desarrollo, para dirigirlo especialmente a empresas medianas y pequeñas. La noticia supone un bálsamo de agua cuando las calificadoras internacionales comenzaban a estudiar en forma seria la posibilidad de recortar a México el grado de inversión; el Plan de Negocios de Pemex (que sigue dando de qué hablar, aunque no fue del todo bien recibido por los mercados) todavía no dejaba de ser un ejercicio intelectual, y cuando bancos, economistas e instituciones autónomas no se ponían de acuerdo en si México ya se encuentra técnicamente en recesión, tras un descenso de la actividad económica de 0.2% en el primer trimestre y una desaceleración económica anunciada de -0.1% durante el mes de mayo, a la espera de lo que diga el Inegi cuando señale los datos de la economía el 31 de julio del 2019.

Lo de menos es si técnicamente la economía se encuentra en recesión, pues lo que es claro es que la actividad económica se encuentra en franca desaceleración. Prácticamente desde que AMLO empezó a gobernar desde fuera de Palacio Nacional, no ha podido contagiar confianza a los inversionistas, que sigue a la baja. El austericidio para Dos Bocas y el IMSS detuvo también la economía al acumular un subejercicio de 140,000 millones de pesos. La manufactura y la economía norteamericana no están jalando, como en otras ocasiones, a la economía nacional, pese a lo logrado en otros años, donde las exportaciones fueron la salvación de nuestras finanzas.

El anuncio del secretario Herrera no deja de ser una buena noticia para lograr que la caída del Producto Interno Bruto (PIB) sea menor en lo que resta del año.

Cuando la actividad económica se detiene, es necesario aplicar políticas keynesianas de gasto fiscal, y, si se puede, utilizar una política monetaria más acomodaticia que la que está empleando Banco de México al mantener las tasas de interés en 8.25%, a pesar de que la inflación va a la baja y la Fed ha anunciado un primer recorte de sus tasas de interés.

¿Cuánto logrará reactivar la economía esta “ayuda” del gobierno federal? En términos de PIB, según cálculos a ojos de buen cubero, representa alrededor de 2% del PIB. La industria automovilística representa más de 3% del PIB; las inversiones y el plan de AMLO para el sector petrolífero alcanzan cifras cercanas a 9% de nuestra riqueza nacional. Ya se ve que este empuje alcanzará a lo mucho a ciertas décimas del Producto Nacional Bruto, en el mejor de los casos.

¿Es el problema de la economía mexicana problema de falta de dinero? Los banqueros ofrecieron 500,000 millones de pesos en préstamos para reactivar la economía. En su momento, el Consejo Mexicano de Negocios se comprometió a invertir cerca de 30,000 millones de dólares en proyectos de desarrollo y creación de empleo; en tiempos normales la inversión extranjera alcanza cantidades superiores a 30,000 millones de dólares; nuestra industria de importaciones y exportaciones representa 500,000 millones de dólares, cerca de 40% del PIB.

México tiene una fuerte inversión en cartera por las altas tasas de interés que ofrece Banco de México. Recibimos más de 30,000 millones en reservas. Nuestro PIB turístico representa cerca de 8% del PIB. Estamos en pleno auge de nuestro bono democrático. La inversión en minería es alta, pese a ir descendiendo en los últimos años. México tiene una línea de crédito de 70,000 millones de dólares con el FMI.

Aunque sea redundante, el problema del modelo económico de AMLO es doble: considera el papel del sector privado y del mercado como secundario, apostando demasiado por la “Estatolatría”, y no ha cumplido un requisito que debe lograr todo gobernante que busca el bien común, crear las condiciones para que las personas puedan desarrollarse y lograr el fin común que les corresponde como miembros de una sociedad, mejorar su capital humano y crear empleo, sin los cuales es imposible alcanzar el bienestar. El trabajo —lograr la creación de empleos bien remunerados— es, según Juan Pablo II, el fin de la cuestión social.

Mientras Andrés Manuel no tenga esto grabado a fuego, podrán destinarse miles de millones en subsidios clientelares que al final terminan por acabarse sin que el ritmo de la economía y el aumento de las inversiones logre alcanzarse.

¿Es tan difícil que la 4T detrás de sus múltiples ropajes logre entender esta verdad tan elemental para cualquier persona que no sea creyente del neoliberalismo?