Dos terceras partes del mundo está cubierta por agua, de la cual 97.5% es salada y sólo 2.5% es dulce. De esta última, 69% está congelada en glaciares y montañas, 30.8% en el subsuelo y sólo 0.3 % está en ríos y lagos (Shiklomanov, State Hydrological Institute y UNESCO). La escasez relativa provoca que este vital líquido sea cada día más costoso.

En el sector agropecuario, los problemas del agua son, principalmente, una menor disponibilidad de ella (abatimiento de pozos profundos, competencia para el uso urbano), contaminación de aguas superficiales y acuíferos, baja eficiencia en la conducción y aplicación del agua de riego, entre otros.

La producción tradicional de alimentos requiere de grandes volúmenes de agua, por ejemplo, para producir 1 kilogramo de ellos es necesario aplicar el siguiente número de litros de agua: maíz 900; trigo 1,300; arroz 3,400; huevo 3,300; carne de pollo 3,900; queso 4,900 y carne de res 15,500 (Hoekstra, Arjen. 2008).

El crecimiento de la población que demanda cada vez más alimentos , la reducción de la superficie agrícola y la ineficiencia en el uso del agua, obligan a tomar no sólo conciencia de la problemática, sino medidas para su uso eficiente, racional y sustentable, para las futuras generaciones.

Existen tecnologías que permiten mejorar la productividad y la rentabilidad de las actividades productivas del sector agropecuario, así como el uso de este vital líquido, siendo muy importantes los riegos presurizados y la producción bajo invernadero.

Ejemplo de ello se encuentra al comparar los consumos de agua del cultivo de tomate bajo diferentes condiciones.

Para producir 1 kilogramo en campo abierto se requieren de 300 litros de agua con riego por inundación y con goteo sólo 80 litros. En invernaderos con tecnologías media a media-alta se utilizan cerca de 30 litros y en alta tecnología, en un invernadero holandés, pueden requerirse sólo 13 litros.

Por lo anterior, la adopción de este tipo de tecnologías con el apoyo de los gobiernos, empresas proveedoras y otros actores involucrados además de generar una mayor productividad y rentabilidad en los productores, también abona en el uso del agua, por el bien de todos nosotros y de nuestro planeta.

*José Alonso Ramos Novelo es especialista de la Subdirección de Consultoría en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]