Lo que ocurre en el mundo es que la sociedad de consumo demanda ingresos. Las políticas públicas se orientan a realizar recortes de gastos, sobre todo sociales y el Estado de Bienestar vive una erosión permanente.

Pero hay más. Existe una globalización no gobernada, financiamiento excesivo y un avance tecnológico positivo para la producción, pero depredador para el empleo. Por tanto, las clases bajas y medias están descontentas.

Por ello surgen los populismos. La falta de política alrededor de éstos y otros problemas hacen surgir los movimientos nacionalistas que son de protesta. El populismo es la política de la indignación, no de la esperanza dice Craig Calhoun, director de la prestigiosa London School of Economics.

Ahora, ante el veleidoso aislacionismo norteamericano decidido por Trump, será más difícil lograr acuerdos globales sobre problemas que requieren solución. Ya se vive el desencuentro. Por ejemplo, Estados Unidos renunció a ser uno de los países líderes en la solución de los problemas asociados al cambio climático, a pesar de ser uno de los países más contaminantes. Como consecuencia, asumieron el liderazgo la Unión Europea y China. Lo mismo pasó con el liderazgo en el libre comercio mundial; Estados Unidos prefiere las relaciones bilaterales en un mundo geopolítico multipolar.

Trump toma distancia con países importantes, pero manifiesta una actitud abrumadoramente amable con el dictador Al Sisi de Egipto. Dijo Trump: Al Sisi ha hecho un trabajo fantástico . Para todo el mundo son conocidas las múltiples violaciones a los derechos humanos que realiza el gobierno egipcio, mismas que están documentadas en informes del Departamento de Estado en Washington.

Trump busca crear bloques regionales de poder, mismos que ya fueron superados por la globalización e interdependencia económica de los países, que hacen que las empresas globales operen en cualquier país que les ofrezca costos comparativamente más bajos de su mano de obra. Ésta es una de las esencias de la globalización.

También, las empresas globales son las que han llevado a los países en desarrollo la tecnología para producir y bajar aún más sus costos. Pero ahora con la Cuarta Revolución Industrial, están orientadas a desplazar la mano de obra. Se trata de la implantación de la robótica que tiene efectos depredadores para el empleo, sin que existan todavía factores compensatorios.

Los populistas aparentemente están en contra de todo, pero no es así. Trump criticó severamente en su campaña electoral al poder de Wall Street como una causa de las desigualdades. Pero una vez que llegó a la Presidencia hizo exactamente lo contrario, al desregular el sistema financiero, que previamente el presidente Obama con grandes dificultades reguló para evitar burbujas especulativas. Con otros sectores de la actividad económica, sigue la lógica de pegar y ver lo que pasa.

Lo que queda claro es que los populistas no tienen ninguna propuesta constructiva de Estado. Simplemente quieren el poder para beneficio personal.

Si la gran sorpresa fue el triunfo de Trump, la eventualidad de otra con Marine Le Pen en Francia sería un golpe adicional al dado por el Brexit a la Unión Europea.

Se dice fácil, pero de fondo están faltando en el contexto mundial nuevas ideas económicas para fomentar el crecimiento económico, reducir la desigualdad, mejorar el empleo y la redistribución del ingreso.