En la última edición de Sin Fronteras abordamos el tema de una posible salida de Grecia de la eurozona y sus consecuencias sobre la economía helena.

En dicha edición comentamos la terrible encrucijada en la que se encuentra Grecia: su permanencia en la eurozona prácticamente le asegura una década perdida, mientras que su salida augura una corrida en contra del sistema financiero que podría ocasionar un caos con consecuencias aún más devastadoras.

Aunque el artículo se enfocó en las consecuencias inmediatas de abandonar el euro y de la readopción del dracma como moneda propia para Grecia, las implicaciones para el resto de la eurozona son tal vez más importantes aún.

Para algunos expertos, como Arnaud Mares, de Morgan Stanley, el abandono del euro por parte de Grecia provocaría una corrida bancaria que iría más allá de Grecia y amenazaría con propagarse por el continente europeo y, posiblemente, más allá.

En términos llanos, una corrida en contra de los bancos significa el retiro masivo de depósitos del público ahorrador del sistema bancario.

Dado que un banco es por naturaleza una institución apalancada -sus pasivos representan generalmente entre cinco y seis veces su capital- no hay banco que aguante el retiro masivo de sus depósitos por más sano y bien manejado que esté.

Mares argumenta que un tema recurrente desde el principio de la crisis del 2008 ha sido el de las consecuencias no intencionales de las principales decisiones de política económica y financiera implementadas para resolver dicha crisis.

Mares identifica dos ejemplos concretos de decisiones que, con el beneficio de la retrospección, claramente empeoraron la situación en lugar de mejorarla: el primero, la decisión de permitir la quiebra de Lehman Brothers; el segundo, la decisión de los gobiernos europeos de iniciar la reestructura de la deuda púbica de Grecia sin implementar una red de seguridad para los países vulnerables pero solventes.

Para Mares, la salida de Grecia de la eurozona calificaría como una de estas decisiones que al principio podrían parecer buenas pero que tendría consecuencias no deseadas que podrían ser devastadoras no sólo para Grecia si no para la Unión Europea y la economía global.

La simple señal de que existe la opción de abandonar el euro, amenazaría con provocar un efecto dominó y otros países financieramente débiles -como Portugal e incluso España o Italia- serían vulnerables a dicha corrida. La adopción del euro como moneda común es, por diseño, irreversible y no existe ningún mecanismo establecido que permita el abandono del euro.

De acuerdo con el analista de Morgan Stanley, esto tiene una razón fundamental, si el euro es reversible en un país, lo es por definición en cualquiera de los miembros de la eurozona. Si Grecia puede dejar el euro, entonces, cualquier otro país lo puede dejar en una fecha subsecuente, amenazando una de las características básicas del dinero: su fungibilidad .

La amenaza de un posible abandono del euro, seguida de la reintroducción de monedas locales en países como Grecia o Portugal, provocaría una ola de especulación sobre un evento similar en España o Italia.

Aunque Portugal, España e Italia no abandonaran el euro, la sola posibilidad de que dicho abandono fuera factible crearía la percepción de que un euro depositado en los bancos de estos países tendría un valor inferior al de un euro depositado en los bancos de los países más fuertes como Alemania o Francia.

Mares argumenta, con razón, que dicha situación provocaría una corrida en contra de los depósitos en los bancos ubicados en las economías más débiles, provocando un caos absoluto.

Lo peor del caso es que las autoridades financieras, incluyendo al BCE, podrían hacer poco para estabilizar el sector financiero en este escenario ya que el BCE perdería su facultad de prestamista de última instancia en los países que abandonen el euro.

Para el analista de Morgan Stanley, la única manera de que Grecia podría abandonar el euro sin consecuencias devastadoras sería mediante la federalización total del resto de la Unión Europea y la garantía total de que el euro es irreversible en el resto de los países miembros.

Ante este escenario, Mares concluye que los líderes de la Unión Europea no tendrán de otra más que seguir apoyando a Grecia, cueste lo que cueste, antes que permitir su salida del euro o su quiebra.