Donald Trump es desde luego —y para desgracia de los habitantes del mundo— el líder de la nación mas poderosa y rica de la tierra. Desde su campaña presidencial Trump se mostró como un proteccionista irredento, enemigo del libre comercio y en particular de que Estados Unidos sea participante en acuerdos comerciales como el TLCAN y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés), cuya renovación se acordó apenas el día de ayer en Tokio, Japón. Sin embargo, Trump no puede tapar el sol con un dedo e ignorar lo que sucede en el mundo a pesar de todo el inmenso poderío económico de Estados Unidos.

Ya instalado en la Casa Blanca, Trump confirmó su vocación proteccionista al decidir unilateralmente la salida de su país del TPP. Asimismo, también asombró al mundo —y enojó a muchos— por su abandono del Acuerdo de París sobre cambio climático. Pero el punto a resaltar aquí es que el repudió de Trump no consiguió terminar con el TPP, lo cual era posiblemente su intención no declarada. No creo que sea una exageración afirmar que la renovación del TPP apenas anunciada es un rechazo implícito para Trump y sus visiones aislacionistas y también xenófobas.

La renovación del TPP no es poca cosa. Los miembros de esa organización son países tan importantes como Japón, Australia, Malasia, Nueva Zelanda y Chile y felizmente también forman parte de ese elenco México y Canadá. En total son 11 los países que forman parte de ese trascendente acuerdo. Al permanecer dentro del TPP, México y Canadá no únicamente manifestaron su independencia con respecto a Estados Unidos (y sobre todo, al Estados Unidos de Trump), sino que, a la vez, refrendaron su convicción en favor de la apertura comercial en el orbe. El mensaje es positivo y claro.

La permanencia de México y Canadá dentro del TPP no necesariamente es neutral y ajena para la renegociación del TLCAN, actualmente en marcha en su sexta ronda que se celebra en Montreal. La renovación del TPP ha mandado un mensaje general en favor del libre comercio que Trump y su administración, con toda su ceguera y terquedad, no pueden ignorar. Las negociones por parte de la delegación mexicana que encabeza el secretario Ildefonso Guajardo deben continuar con todo profesionalismo y formalidad. Con la convicción de que la razón y la verdad están de su lado.

BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico