Se puede descartar, por completo, cualquier renegociación del acuerdo.

La mejor computadora que usted haya conocido en 1994 tiene mucha menos capacidad que cualquier teléfono inteligente de estos días. A mediados de los años noventa Internet era un servicio caro, lento y excéntrico en el mundo.

Quien no se haya puesto al corriente con el uso de las tecnologías debe tener problemas para operar la vida cotidiana, que se resuelve en buena medida a través de la vida en línea. Y eso incluye a los adultos mayores, que aun en el retiro se han integrado al uso de redes sociales.

Pero en este mundo hay un joven de apenas 20 años que no entiende de Internet, no sabe de trámites en línea, compras digitales. Se quedó en los tiempos de las computadoras 80386, no conoce las pantallas de leds de tecnología 4k, nunca consideró la posibilidad de que existiera un iPad.

Ha crecido fuerte, pero dentro de una camisa de fuerza que lo protege de los peligros externos, pero que le impide crecer o modificarse.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es un viejo de 20 años al que no se le puede tocar ni una sola coma, porque si se abre, se desinfla.

La tentación de meter mano al acuerdo trilateral ha estado siempre presente. Por eso, para salvar el pellejo del pacto comercial, cuando llegó a la Casa Blanca el demócrata Bill Clinton, no se le hicieron cambios al acuerdo, simplemente se anexó su estilo personal, en lo que se dio en llamar acuerdos paralelos.

Si al TLCAN en estas dos décadas se le hubieran hecho cambios, simplemente hoy no existiría este pacto comercial.

En la reunión de mañana en Toluca podemos descartar por completo que Stephen Harper, Barack Obama y Enrique Peña Nieto pudieran anunciar cualquier renegociación del acuerdo trilateral.

Lo que sí puede ocurrir a partir de la cumbre toluqueña es que se decida reforzar sus complementos a través de nuevos acuerdos paralelos.

La estrella emergente en la relación comercial trilateral puede ser el Acuerdo Transpacífico, conocido como TPP, que puede incluir lo que el TLCAN dejó fuera y no corrigió, al tiempo que incorpora a nuevos socios con derechos.

Este acuerdo en formación incluye lo mismo a Japón y Vietnam que a Perú y Chile. No es fácil poner de acuerdo a naciones tan diferentes y con intereses a veces encontrados, pero para la región de Norteamérica puede servir de base para dar aire fresco al TLCAN.

El acuerdo que está en vigor desde hace 20 años nunca tuvo la intensión de dar paso a una mayor integración. Fue un tratado de vanguardia, pero sustentado en la desconfianza de las partes, porque así como México cuidaba las formas en materia energética, así Estados Unidos ponía muros a cualquier integración laboral.

La integración de México al matrimonio Estados Unidos–Canadá no está cercana, pero es un hecho que hay cuellos de botella importantes en la relación trilateral, como el comercio electrónico por ejemplo, pero no hay manera de tocarle ni una coma a ese viejo veinteañero acuerdo comercial.