México se mantuvo dogmáticamente proteccionista por largos 365 años, desde su nacimiento como Nueva España. Ahora que se celebran los 20 años del TLCAN, es momento de recordar que el rompimiento del poderoso tabú corrió a cargo de la gestión que encabezó uno de los ex presidentes menos comprendidos de México: Miguel de la Madrid. La apertura comercial no se inició con el TLC, en 1993, sino con la adhesión del país al GATT en 1985.

En su momento, las plañideras proteccionistas de siempre auguraron apocalípticamente que con la apertura sobrevendría la quiebra de la planta productiva del país. No ocurrió así, sino todo lo contrario. En su inmensa mayoría, las empresas locales reaccionaron constructivamente, invirtieron para ganar productividad y se volvieron competitivas internacionalmente. La apertura comercial funcionó y, con respuestas modernizadoras, plantas productivas otrora defensivas y centradas en el mercado interno cautivo se volvieron activas exportadoras. Una consecuencia favorable de esa transformación es que por su conducto se logró remover el sesgo antiexportador que había sido típico en el sector manufacturero local, por efecto del proteccionismo y de otras prácticas paternalistas dizque de promoción industrial.

Dicen sus opositores que la apertura comercial no ha funcionado. Mienten flagrantemente. Desde el abandono del proteccionismo, las exportaciones de México han tenido una evolución formidable, tanto cualitativa como cuantitativa. Lo primero ha sido más importante, pues de haber sido México un país exportador de materias primas y bienes primarios, se convirtió en exportador de manufacturas. En la actualidad, alrededor de 80% de las ventas mexicanas al exterior se compone de bienes transformados.

Lo que sí es cierto es que los TLC podrían haber sido mucho más benéficos, pero eso no es culpa de la apertura comercial sino de otros factores, esas fuerzas destructivas que han impedido que en México haya más inversión, tanto local como Extranjera Directa. Entre esas fuerzas destructivas destacan la inseguridad, el crimen organizado, los bloqueos de carreteras, los plantones, las marchas y los grupos políticos locales enemigos del progreso y de la economía de mercado.

Hacia adelante lo que debe hacerse es consolidar y fortalecer la apertura comercial. Uno de los canales para lograrlo residirá en enfrentarse retóricamente con las fuerzas del proteccionismo en foros, debates abiertos y polémicas. Esas fuerzas siguen vivas y causan mucho daño político y económico.

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