Dejó de existir uno de los presidentes menos comprendidos que ha tenido México. Es difícil recrear el ambiente de verdadera angustia imperante cuando tomó posesión Miguel de la Madrid en diciembre de 1982. La crisis del país no sólo era económica sino moral. ¿Cómo explicar al público la quiebra si apenas unos años antes se había anunciado que debían prepararse para administrar la abundancia? Los datos del desastre eran implacables. De 1976 a 1982, la deuda externa pública creció de 19.6 a 80,000 millones de dólares a la par que la deuda externa privada se ubicaba en 27,000 millones. Al cierre del sexenio, la inflación anual era de 100% y el déficit fiscal -la diferencia entre los ingresos y gastos del gobierno- se ubicaba en poco más de 16% del PIB. El bienestar de las familias mexicanas se desplomaba.

En su toma de posesión, De la Madrid prometió que no permitiría que el país se derrumbara. Con firmeza, su gobierno puso en ejecución un programa de saneamiento para la desequilibrada economía que había heredado. Con el fin de paliar las deformaciones, se iniciaron reformas estructurales de fondo como el adelgazamiento del sector público mediante un programa de desincorporaciones y la desregulación de ciertos sectores para inducir mayor competencia y eficiencia. La precondición para el saneamiento fue recuperar la estabilidad económica mediante el combate a la inflación.

Todos esos esfuerzos fueron puestos en ejecución con gran cuidado y decisión. Pero quizá nunca un gobierno mexicano ha sido más traicionado por la veleidosa fortuna que el encabezado por Miguel de la Madrid. En septiembre de 1985 golpearon a la capital terribles sismos y en 1986 se desplomó a la mitad el precio del petróleo, cuando 7% de las exportaciones del país se integraba con productos petrolíferos. El golpe fue equivalente a que se duplicara la deuda externa.

Estos impactos echaron por la borda los avances conseguidos en materia de estabilización e interrumpieron muchos otros programas. Con todo, todavía el gobierno de De la Madrid logró progresos importantes y, aunque pocos lo recuerdan, fue durante esa administración que, rompiendo tabúes de siglos, inició en México la apertura comercial. Después de su partida, Miguel de la Madrid merece reconocimiento. Descanse en paz.

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