El Pacto por México molesta a algunos de los senadores y diputados del PAN y PRD, pero también del PRI. Éstos han manifestado sentirse marginados de la discusión y de la elaboración de las iniciativas que después llegan a las cámaras.

La protesta de perredistas y panistas no se concentra en los 95 puntos contenidos en el Pacto, siempre hay alguna excepción, pero sí en la dinámica de funcionamiento de la estructura operativa del mismo que se integra de un Consejo Rector y una Secretaría Ejecutiva.

En más de una ocasión, Gustavo Madero, presidente del PAN, y Jesús Zambrano, presidente del PRD, ante el reclamo de algunos de sus diputados y senadores, han respondido que las agendas legislativas de sus partidos están incluidas en los puntos del Pacto. La estructura operativa del Pacto, entre la que se encuentran Madero y Zambrano y también César Camacho, el presidente del PRI, es la que decide cuál de los puntos que integran el acuerdo es el que se privilegia, para enviar al Congreso.

Más de 80% de los puntos que integran el Pacto tiene que ver con iniciativas de ley. Los integrantes de su actual estructura las discuten y acuerdan, y luego se envían a las cámaras para que ahí se revisen y voten.

La rapidez con la que ahora se han aprobado las iniciativas de ley (presupuesto, reforma educativa, ampliación de las funciones del IFAI, cuentas de estados y municipios) es resultado del acuerdo previo de los partidos logrado en el espacio del Pacto.

Las cámaras siguen cumpliendo con su papel, son ellas las que votan las leyes, pero es cierto que han perdido protagonismo al no ser ellas las que envían las iniciativas, pero sobre todo que no es ahí donde ahora se establecen los acuerdos. 

Los senadores o diputados de tal o cual corriente del PAN y el PRD han quedado por ahora al margen de la discusión que importa y es la que reclaman. A manera de ejemplo, si los calderonistas en el Congreso pensaron que se podrían imponer a Madero, con el actual mecanismo, han quedado relegados.

El mecanismo del Pacto hasta ahora ha demostrado ser muy eficaz a costa de que los senadores y diputados, de los partidos más grandes, pierdan protagonismo y se vean obligados a sumarse a los acuerdos logrados previamente y fuera de las cámaras. 

Habrá que ver si el malestar creciente de algunos de los legisladores del PRD y PAN, pero también del PRI -aunque éstos son mucho más discretos a la hora de mostrar su desacuerdo- se logra resolver.

La eficacia del Pacto requiere precisamente que las bancadas de los grandes partidos representados en el Congreso se sumen a los acuerdos alcanzados por sus dirigencias en el mecanismo organizativo del Pacto.

A pesar del malestar de algunos legisladores, todo indica que éste habrá de continuar por lo menos hasta la elección federal del 2015. Si el mecanismo, en los próximos meses, sigue operando como lo ha hecho hasta ahora, será un éxito que se debe al gobierno y a los partidos que lo integran.