Conmemorar el aniversario de la fundación del PRI el 4 de marzo de cada año es equivalente a que un nieto celebre su cumpleaños como si hubiera nacido el mismo día, mes y año que su abuelo quien, además, tiene un nombre diferente.

El PRI no tiene 88 años como recién festejaron sus militantes. Hace 88 años fue fundado el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que dejó de existir en 1938 cuando surgió el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que a su vez chupó faros en 1946 cuando surgió el flamante Partido Revolucionario Institucional que apenas el pasado mes de enero cumplió sus primeros 70 años de vida.

Por supuesto que el equívoco, sea hijo de un inocente error histórico o de una conveniente perversidad burocrática, comparado con los graves problemas por los que el país atraviesa no tiene la menor importancia. Sin embargo, a mí siempre me ha llamado la atención que cómo es que presumiendo ser el partido más veterano del país, en las boletas electorales, en los debates entre candidatos y en más de alguna otra acción electoral regida por la antigüedad del registro de los partidos políticos, sea el PAN quien aparezca, con fecha de fundación de 1939, como el de mayor edad.

Una historia

Un hombrecillo con una pistola en el bolsillo, dibujaba al sonorense Álvaro Obregón quien comía en La Bombilla. Luego, mientras con la mano izquierda le mostraba una caricatura con la derecha le disparó a quemarropa. El pesado cuerpo del presidente electo se dobló sobre la mesa cosido a tiros. (La Divina Providencia convirtió una pistola Star calibre 32 en varias piezas de artillería de diversos calibres y al dibujante en un precursor de Jason Statham con lapicero).

En muchos sentidos la creación del partido fue consecuencia del asesinato de este político con vocación de dictador. La fundación del PNR tuvo dos objetivos: abrir un espacio donde tuvieran cabida los diferentes jefes y caudillos surgidos durante la Revolución, que mantenían un clima de confrontación y encauzar los proyectos armados hacía la creación de una estructura institucional. Así, con todos bajo el mismo techo y con igualdad de oportunidades, podría crearse un proyecto de nación. El que bailó en ésta, en la próxima se sienta .

El asesinato de Obregón obligó al Congreso a nombrar un presidente provisional, éste fue el tamaulipeco Emilio Portes Gil. Elías Calles y un grupo de seguidores que sin el contrapeso de Obregón eran muchos fundan, el 4 de marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario con el caudillo sonorense como jefe máximo.

En 1930, ante una oposición encabezada por Vasconcelos, que defraudó a la juventud, el PNR impuso en la presidencia al ingeniero Pascual Ortiz Rubio, como pudo haber impuesto a Perico el de los Palotes amante de la mujer más feliz del mundo. Ortiz Rubio resultó un hombre pusilánime. Para colmo de males sufrió un atentado del que salió con una bala en la mandíbula y más miedo que un seleccionado nacional al tirar un penalti.

Pero la puntilla a don Pascual se la dio el mismísimo don Plutarco que se nombró secretario de Guerra con lo cual no quedó duda que él era el Jefe Máximo de la Revolución. Don Pascual renunció al otro día de pronunciar su segundo informe de gobierno, el 2 de septiembre de 1932. Al día siguiente el congreso así le llamaba a su almohada don Plutarco lo pensó bien y nombró al general Abelardo L. Rodríguez, primer Mandatario del país.

A Rodríguez le sucedió Lázaro Cárdenas que le resultó respondón a don Plutarco, lo que ocasionó una ruptura entre ambos y con ello el cambio de directrices y de nombre en el partido que pasó a llamarse Partido de la Revolución Mexicana (PRM). A los tres sectores campesino, obrero y popular del que constaba el extinto PNR se les unió el sector militar. Con el golpe de mando, el general Cárdenas impuso el presidencialismo.

Fue el gobierno de don Lázaro el más progresista de los emanados de la Revolución. Sin embargo, al elegir sucesor, lo pensó bien y eligió a un hombre de derecha, el presidente caballero (de Colón) don Manuel Ávila Camacho.

La segunda guerra mundial contribuyó a que el país sufriera cambios en su estructura económica y social. El proceso de industrialización se aceleró y se incrementó la migración del campo a la ciudad. Ávila Camacho comprendió que la generación revolucionaria había llegado a su fin. Eliminó el sector militar del partido. En enero de 1946 convirtió al PRM en el Partido Revolucionario Institucional (oxímoron) del que surgió el primer presidente civil Miguel Alemán Valdés.

Hasta aquí mi alegato de por qué el PRI no debe hacer lo contrario de lo que hacen las mujeres coquetas, en lugar de quitarse los años aumentárselos. Pero carezco de autoridad para reprochárselo. Con la confusión sobre la edad el que fuera llamado Partidazo no comete ninguna falta. Es más si el tricolor lo que desea es hacer alarde de acopiar muchos años sugiero que en una próxima reunión inviten a todos los priistas que hayan sido presidentes de la república, gobernadores y destacados funcionarios públicos para que así puedan presumir de tener no 88 sino 500 o 600 años... pero de cárcel.

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