El paso de Cruz Azul es una fiel muestra de lo que ya es una costumbre.

¿Y si de una vez por todas dejamos de pensar que tenemos una de las mejores ligas del mundo? Seamos sinceros, la capacidad económica e infraestructura con la que cuenta el futbol mexicano no tiene nada que ver con el tema deportivo, lo supera y por mucho.

Siempre se habla de comparar torneos y ligas, de la injusticia que significa definir que uno es mejor que otro, que son realidades diferentes; pero bueno, llegan competencias como el Mundial de Clubes y es inevitable que también aparezcan las comparaciones y ahora sí deportivas, no de supuestos o creencias, sino de lo que se ve en la cancha y justo ahí el futbol mexicano siempre queda a deber respecto de las expectativas. ¿De verdad pensamos que somos muy buenos?

Pues una cosa está clara: no lo somos. Tampoco hay que decir que somos lo peor, pero nada que ver con estar cerca de lo mejor. Mire usted a Cruz Azul o lo que pasó con Monterrey, lo que ocurrió con Pachuca o el mismo América y cómo han terminado sus participaciones en el Mundial de Clubes.

Hasta el partido de ayer, los clubes de nuestro país han disputado 25 partidos en la historia del torneo y apenas han ganado siete veces (únicamente contando los partidos durante los 90 minutos y no en tiempos extras o penales). Es decir, que los equipos de la Liga MX obtienen el triunfo 2.8 veces de cada 10 encuentros.

Es verdad que ahora mismo no hay rival que le haga sombra a Real Madrid y a la mejor versión de Cristiano Ronaldo y no lo tome a mal, ¿pero por qué Cruz Azul, un equipo que ha deambulado en la mediocridad el último semestre, que ganó el título de la Concacaf por un criterio de desempate, que sufrió con un club que tiene al menos 10 veces menor presupuesto que ellos para superar los cuartos de final en Marruecos, podría ganarle a Real Madrid?

Cuántos clubes de Europa, de Asia, de África, de Oceanía no quisieran tener a una gran cementera detrás que les respalde o a la empresa de televisión más importante de la región o una gran trasnacional de bebidas. Y ésas son las compañías que precisamente están detrás de nuestros clubes.

Pero cuando salimos de casa los resultados denotan que en el terreno deportivo la evolución es mínima, a cuentagotas y cuando parece que estamos listos para dar el gran salto de calidad después de conseguir un gran éxito como una medalla de oro olímpica... llega un mazazo letal, como caer en tiempo de compensación en un Mundial, sufrir con un club que ni siquiera figura entre los mejores 100 equipos del mundo o en mostrar tanta inferioridad que supliquemos que por favor todo termine, pero ya (como ayer ante Madrid).

Los números dictan que es más fácil que fracasen los equipos mexicanos a que triunfen y cada año en el Mundial de Clubes, como lecciones chiquitas, hay algo que está claro: que nuestro futbol a nivel de equipos (deportivamente) es de la clase media y que miramos de muy lejos a la élite, pero demasiado lejos.