En dos meses culminará el mandato del ministro Fernando Franco, tras 15 años de fecunda actividad jurisdiccional en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Su retiro dejará un vacío en un ámbito del Derecho muy relevante para la vida democrática de nuestro país, porque para nadie es desconocido que por sus antecedentes como presidente del entonces Tribunal Federal Electoral, Franco se destacó como un verdadero especialista en materia electoral.

Pero dejará, igualmente, un vacío institucional y personal sobre el que conviene poner la atención. Quienes hemos seguido la trayectoria de los ministros de la Corte concebimos a Franco como una persona ecuánime, mesurada, discreta, firme para persuadir, pero abierto a escuchar los argumentos de los demás, y a integrarlos para favorecer la construcción de acuerdos internos en beneficio de la solidez de los pronunciamientos.

Ni qué decir tiene que el año siguiente, cuando la Corte inexorablemente deberá resolver los temas cruciales asociados a la cuarta transformación, entre los que destacan la prisión preventiva oficiosa, los alcances del uso de la fuerza, el papel de la Guardia Nacional y de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, el registro de detenciones, la reforma energética y de hidrocarburos, la austeridad republicana, la remuneración de los servidores públicos, la extinción de dominio, la ampliación del catálogo de delitos fiscales, entre otros, un perfil como el que ahora deja la SCJN se echará de menos.

En el ámbito personal, Franco se distinguió por ser una persona afable, de trato extremadamente fino y de una caballerosidad que hoy en día ha dejado de ser común, con una vocación por el trabajo y un profundo sentido de la responsabilidad propios de quién está verdaderamente comprometido con el peso de la máxima toga del país. Cuando tuve el privilegio de defender los intereses de la UNAM ante nuestro máximo Tribunal, recuerdo que el ministro Franco me dio cita, al menos durante dos ocasiones, alrededor de las 7:00 am en su despacho de la Corte; y recuerdo también su implicación directa para el seguimiento de los universitarios que habían logrado obtener una beca gracias a los apoyos aportados por su familia a nuestra Universidad. Ambas cosas dejaron en mí una profunda huella de lo que el ministro Franco representa para la Corte, el país, la Universidad y su familia.

Solo quien no lo haya conocido, o no haya seguido de cerca su trayectoria podrá decir que nos encontramos ante un ministro conservador. Ahora que la SCJN resolvió con gran autoridad que no es constitucional penalizar el aborto, ni ejercer ilimitadamente la objeción de conciencia para obstaculizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, no debemos olvidar que desde hace años la ponencia del ministro Franco fue delimitando la libertad de configuración de los legisladores estatales, para dejar en claro que la capacidad reguladora del alcance del derecho a la vida debía armonizarse con la dignidad de la que las mujeres son portadoras, así como con sus derechos al libre desarrollo de la personalidad y sus libertades sexuales y reproductivas, lo cual, desde entonces, ensambló las vallas perimetrales para proteger a las mujeres de las fuertes arremetidas de los grupos religiosos y conservadores del país.

Franco se despedirá, sin embargo, proponiendo un criterio muy importante a sus pares, para que en el futuro a nadie se le ocurra intentar ampliar el mandato cuatrienal que la Constitución confiere a la presidencia de nuestro máximo Tribunal. La proyección de estas resoluciones sintetiza, en buena medida, todo aquello que el ministro Franco representa: apego al precedente, convicciones firmes, impermeabilidad a las presiones externas, voto informado y en conciencia y defensa sin fisuras del orden constitucional.

Con seguridad, la Corte ya notificó al Senado de la República y al Ejecutivo la inminente culminación de este mandato, y nos aprestamos a observar las reglas que definirán la designación de uno nuevo ministro o ministra. Esperemos que el proceso sea lo suficientemente abierto para que exista una debida interlocución entre la representación popular y la academia, la judicatura y el foro, en la búsqueda de un perfil con la suficiente autoridad para alcanzar dicha magistratura constitucional. El talante institucional, la responsabilidad personal y las cualidades humanas que distinguieron durante estos 15 años al ministro Franco, son referentes muy firmes que, de seguirse, permitirán su desembocadura en un perfil que contribuya a fortalecer la autoridad de la Corte y que se convierta en un férreo valladar en defensa de los débiles frente a los poderosos.