Hace unos días el Inegi dio a conocer las cifras definitivas del Producto Interno Bruto (PIB) para el primer trimestre de este año, las cuales mostraron un ligero incremento con respecto a las cifras preliminares que el mismo Inegi publicó hace tres semanas.

El crecimiento anual con respecto al primer trimestre del año pasado fue revisado de 2.7 a 2.8%, mientras que el incremento para el mismo periodo medido de manera desestacionalizada se revisó de 2.5 a 2.6 por ciento. Asimismo, el dato desestacionalizado de crecimiento trimestral (que compara el primer trimestre de este año con el cuarto trimestre del 2016) mejoró de 0.6 a 0.7 por ciento.

Con la publicación de los datos definitivos es posible entender con mayor precisión cuáles fueron las principales fuentes de crecimiento y dónde se ubican los lastres más importantes.

Con base en los datos que revisaremos a continuación, es evidente que el principal motor de crecimiento sigue siendo el consumo privado, mientras que el lastre más pesado sigue siendo la recesión que enfrenta el sector petrolero en nuestro país.

Sin embargo, cabe destacar un cambio de tendencia alentador en la actividad industrial impulsado por las exportaciones no manufactureras que por fin están saliendo de su letargo.

Los sectores que tuvieron una mayor contribución al crecimiento fueron las siguientes: 1) el sector agropecuario que creció 6.3% anual y 1.1% trimestral, ambas cifras desestacionalizadas; 2) la producción industrial que creció 0.1% trimestral de manera desestacionalizada (a pesar de la contracción del sector minero); 3) la construcción que registró un aumento anual de 1.5%; y 4) los servicios que tuvieron un incremento anual de 3.7 por ciento.

El sector minero presentó una contracción anual del 10.8% resultado de una caída de 13.5% en las actividades relacionadas con el petróleo.

De acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al excluir la producción de petróleo y las actividades relacionadas, el crecimiento anual del PIB se ubicó en 3.6%, lo cual representa el crecimiento más rápido desde el cuarto trimestre del 2012.

A nivel agregado, la debilidad del sector petrolero ha sido más que compensada por una continua recuperación del consumo que se mantiene como el principal motor de crecimiento.

El consumo se ha visto favorecido por cuatro factores principales: i) un aumento en el empleo formal; ii) un crecimiento en los salarios reales; iii) una expansión del crédito al sector privado; y iv) un incremento importante en las remesas que reciben las familias mexicanas del exterior.

Las remesas juegan un papel clave en el consumo privado porque las familias que las reciben destinan la mayor parte de estos recursos al consumo. Las remesas se han beneficiado a su vez de dos factores: el primero es la fuerte recuperación en los niveles de empleo en Estados Unidos, principalmente de sectores como la construcción y el comercio en restaurantes en donde se concentran muchos trabajadores que envían remesas a México, y la depreciación del peso.

Bajo el supuesto de que el consumo doméstico se mantendrá firme, como lo ha hecho durante los últimos dos años, y las señales incipientes de recuperación en las exportaciones no petroleras de la mano de una mejoría en la actividad manufacturera en Estados Unidos, la SHCP decidió aumentar su estimación de crecimiento del PIB para el 2017 de un rango de 1.3% a 2.5% a un intervalo de 1.5% a 2.5 por ciento.

Aunque este rango sigue siendo menor a 2.0 a 3.0%, contemplado en los Criterios Generales de Política Económica de septiembre del 2016, la economía mexicana podría, en ausencia de choques externos, sorprender y crecer por arriba de 2.0 por ciento.

joaquinld@eleconomista.com.mx