El próximo lunes, si no es que desde el domingo en la noche, sabremos qué pasó con el capricho presidencial de consultar la aplicación de la ley. El asunto no podía estar más plagado de pifias y absurdas concesiones.

Comenzamos por ponerle nombre y apellido a una consulta preguntando si estábamos de acuerdo en enjuiciar a los últimos 4 expresidentes. Lo que ya de suyo era un despropósito.

Primero porque existen los mecanismos legales para hacerlo y en segundo lugar, porque preguntar con nombre y apellido de facto los hacia culpables de facto, por vía de una consulta popular. Por esa vía ya no era necesario el procedimiento jurisdiccional, por la vía política el golpe estaba dado y de un plumazo nuestro pasado reciente desvirtuado sin matices, ni evaluaciones ponderadas. Sí o no que los enjuicien. Torquemada se queda pequeño ante un procedimiento como el que nos proponía el presidente.

Seguidamente la Suprema Corte acepta evaluar el asunto y le concede al presidente su capricho, a costa de una pregunta que resulta un galimatías del que poco se puede concluir, o más bien es tan ambigua que se puede concluir casi cualquier cosa.

Las consultas en otras partes del mundo, se realizan con una pregunta clara que deja sin duda posible que la respuesta sea un si o un no. Este no es el caso. Seguidamente la corte quita los nombres de los expresidentes y sustituye con actores políticos del pasado. O sea todos los actores o solo unos y no otros. En fin.

Abiertamente el presidente olvida la pregunta redactada por la Corte y les pone nombre y apellidos a los actores que quiere denostar, se brinca la veda declarativa, en ejercicio dice él, de su libertad de expresión y endilga con su capricho un costo enorme al erario por razones puramente de su política personal.

El lunes que entra, decía yo, sabremos qué destino tendrá este ejercicio inútil. Y, de paso, sabremos si a los ciudadanos les interesa enjuiciar con esta consulta tan amañada, su pasado o si el que está obsesionado con el pasado es sólo el jefe del ejecutivo. Nada más, pero nada menos tampoco.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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