Como muchos retrógradas recurren a la mentira como su instrumento de oposición, el nuevo gobierno debe tener mucho cuidado con sus estrategias y con sus relaciones con otras fuerzas políticas, sobre todo, en el Congreso.

Qué bueno que el gobierno entrante no tenga miedo de decir que busca hacer lo correcto con los cambios estructurales y se atreva a enumerar los más importantes que tienen que pasar por el Poder Legislativo.

Si el gobierno de Enrique Peña Nieto, que está por iniciar, considera como herramientas indispensables una reforma energética y una fiscal, y que éstas deben ser discutidas a la par, por su inseparable liga, es correcto que así lo expresen.

Encontrarán a muchos que estaremos de acuerdo con que ése es el camino que debió recorrerse desde hace muchos años y habrá otros que se opondrán, algunos con razón, otros por simple oposición.

La claridad con la que el all mighty Luis Videgaray expone que van por una reforma hacendaria la hace ver como lo que es: una facultad del gobierno que obtuvo la mayoría de los votos y que tiene derecho de implementar el plan de gobierno que vendieron durante la campaña. Hasta ahora no hay sorpresa.

Tampoco habrá sorpresas por parte de los que se oponen por acto reflejo a cualquier cambio legal en México.

Y, justo como muchos retrógradas recurren a la mentira como su instrumento de oposición, el nuevo gobierno debe tener mucho cuidado con sus estrategias y con sus relaciones con otras fuerzas políticas. Sobre todo en el Congreso.

La discusión actual de la reforma laboral salió muy bien del Senado, con el apoyo priísta a determinados cambios planteados por panistas y perredistas. Con la oposición tricolor en los temas que tocaban los indefendibles intereses de muchos de sus aliados sindicales. Pero salió bien.

La historia en la Cámara de Diputados es otra. Se respira un enorme protagonismo, una soberbia, que esconde la necesidad de repensar lo hecho por los senadores detrás de una postura altanera. No se puede permitir el siguiente gobierno que en el Congreso haya presidentes sin banda, aunque sean de su partido.

Dentro de un mes, Enrique Peña Nieto ya portará la banda presidencial y será el Presidente en funciones. Tendrá la obligación de empezar a aplicar sus políticas públicas. Medirá sus tiempos y enviará al Poder Legislativo las iniciativas presumidas.

Para que una reforma energética tenga éxito, es necesario que el fisco le quite la bota de encima a Pemex. Pero para que eso suceda, hay que buscar la compensación tributaria para completar el gasto. Pero si los ciudadanos van a contribuir más, necesitan tener la certeza de que el gasto se ejerce de la mejor manera.

Ya era un hecho público, pero Videgaray se vio forzado ayer a recalentar el tema de la presentación de una iniciativa fiscal a inicios de la administración y se vio obligado para atajar una más de las mentiras de López Obrador.

Aquello de que la mafia, que complota todo el tiempo en contra del tabasqueño, mandará este mes una iniciativa para subir el IVA de 16 a 22%, es quizá algo más que una mentira. Puede ser que el personaje realmente se despierte un día pensando que eso es verdad. La esquizofrenia es un problema de salud pública, pero es un asunto preocupante cuando podría estar afectando a un líder social.

La idea puede surgir de lo que han hecho otros países, como España, que se vio en la necesidad de aumentar impuestos para salvar el pellejo de sus finanzas. México no está en esas condiciones.

Ahora, una reforma fiscal que no pase por corregir las aberraciones del impuesto al consumo no sería más que otro parche. Nada le convendría más a un país como México que recargar sus ingresos más en los impuestos directos que en los indirectos, como el ISR o el IETU.

Imaginar un país con una tasa baja de impuesto sobre producto del trabajo con una tasa homologada de impuesto al consumo, con menos impuestos especiales y con más impuestos locales, sería hablar de un modelo más apropiado. Pero eso hoy es un sueño guajiro.

Van a aparecer muchos monstruos y fantasmas destinados a espantar a la opinión pública con respecto a los alcances y consecuencias de las reformas que plantea Peña. Del fracaso de los que gobiernan depende el éxito de los que a todo se oponen.

Es muy bueno que desde ahora haya claridad y una imagen de autoridad al momento de hablar de los cambios que vienen.

ecampos@eleconomista.com.mx