Hay que reconocer que México está bien acreditado ante los organismos internacionales, a pesar de los temores que se puedan ver en algunos mercados y de un muy injusto como autodestructivo desprecio interno a la conducción económica.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) renovó y amplió la línea contingente que tiene asignada a México a petición del gobierno mexicano y en medio de un momento financiero complicado para este país y para el mundo.

Era muy positivo que México tuviera acceso a este instrumento reservado para unos cuantos en aquellos días en que cada barril de petróleo mexicano se vendía por arriba de los 120 dólares y cuando la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) tenía el mundo inundado de dólares con sus tasas en cero y sus planes de hiperliquidez.

Pero tener ese acceso, ahora que la principal fuente de ingresos fiscales se ha derrumbado y cuando la amenaza de seguir con el proceso de alza de las tasas de interés está confirmada por la propia presidenta de la Fed, es un valor adicional.

Son recursos, muchos, pero sobre todo son señales. El mercado juega mucho con las expectativas y un aval del FMI a una economía con esta ampliación y ratificación de un posible préstamo tan grande e incondicional es algo que ciertamente pesa entre los que eligen sus víctimas para especular.

El hecho de que las autoridades mexicanas se hayan acercado a las del FMI para negociar el adelanto de la renovación y un monto mayor es una señal positiva. Porque si la iniciativa fuera del Fondo, sin duda podría leerse como una preocupación internacional de la condición financiera mexicana.

Los 88,000 millones de dólares pactados con el FMI en este nuevo crédito contingente se suman a los 177,323 millones de dólares de las reservas internacionales.

Es una forma de compensar el blindaje perdido por el uso de las reservas en aquellos días en que el crédito para las emergencias del organismo internacional era de 70,000 millones de dólares, pero las reservas superaban los 192,000 millones.

Como sea, 265,000 millones de dólares para dotar de liquidez al mercado son como para impresionar a cualquiera que tenga deseos de jugarse una cascarita con el peso mexicano.

Es un hecho que la moneda mexicana tiene que cargar con los pecados financieros nacionales, como la situación de Pemex, los desequilibrios en las cuentas nacionales y demás; pero también es un hecho que, por su nivel de liquidez, al peso mexicano le cargan otros bultos de los yerros financieros de otras economías emergentes.

Por eso es que la protección del peso mexicano es el reconocimiento a una economía que, como dicen en el propio FMI, se mantiene muy fuerte, pero también como una prevención para todo el mundo emergente.

La estabilidad del peso mexicano se ha convertido en un asunto de trascendencia para otras economías de desarrollo similar, al tiempo que implica un compromiso más fuerte de este país con la estabilidad de su propia economía.

Junio empieza con una muy fuerte especulación sobre el futuro de las tasas de interés y los planes de la Fed de moverlas en su siguiente reunión. Así que este engrosamiento del blindaje es más que bienvenido.