Hoy no será, porque es Día de los Presidentes en Estados Unidos (por cierto que no imagino a México festejando a sus ex mandatarios). Pero este martes o quizá esta semana llegarán los 13,000 puntos del Dow Jones.

La verdad es que no pasa nada después de esa marca, es lo que se hace llamar una barrera psicológica que por ser un número cerrado marca un punto de comparación.

Y en este caso, el Dow Jones en esos niveles nos trae recuerdos de dónde andaban los mercados antes de la crisis financiera y económica desatada durante el 2008.

Porque el índice Industrial Dow Jones ya había conocido los terrenos de los 13,000 puntos justo antes de que se desatara el escándalo de las hipotecas basura que acabaron con un banco, varias hipotecarias y con el mito del infalible sistema financiero estadounidense.

Pero más allá de este nivel del Dow o de los 3,000 puntos a los que se acerca el Nasdaq, lo relevante es la tendencia que han marcado estos indicadores bursátiles.

En cosa de cuatro meses, este índice que se opera en Wall Street, allá en la parte baja de Manhattan, ha tenido un incremento de casi 2,400 puntos, que ha sido posible gracias al cambio de ánimo que provoca no esperar una nueva recesión para Estados Unidos.

Pero tampoco pudo ser un aumento mucho mayor, porque al final ese país enfrenta sin duda una desaceleración, un severo problema fiscal y una gran amenaza externa.

Hasta el último trimestre del año pasado, una de las amenazas más grandes que parecía enfrentar Estados Unidos era el estancamiento. Esto es, no una caída hasta la recesión, pero tampoco un dinamismo suficiente para salir del grave problema de la falta de empleos.

En la parte inicial de este 2012, la baja en el desempleo ha propiciado un optimismo en los mercados y de paso entre los demócratas.

Mientras más empleos se sigan creando en la economía estadounidense, mayores son las posibilidades de Barack Obama de reelegirse. Y esa posibilidad también ofrece certezas a los mercados que sabrían ya qué esperar durante los siguientes cuatro años en la política.

Pero, al mismo tiempo, Estados Unidos carga una enorme bomba de tiempo en sus entrañas financieras. El déficit fiscal es lo suficientemente grande como para poder comprometer el desempeño futuro de esa economía.

No hay hasta ahora un solo esfuerzo serio de corrección del desequilibrio y lo único que es evidente es una parálisis política provocada por la lucha electoral.

Y en la parte externa, Europa es el gran tema para Estados Unidos y para el resto del mundo. Hoy mismo los ministros de la zona euro definirán si prestan a Grecia otros 130,000 millones de euros que le servirían solamente para ganar un poco más de tiempo antes de aceptar lo inevitable: el país helénico no tiene la capacidad para salir de la enorme crisis en la que se ha metido. Así que si consiguen los recursos hoy, sólo estaremos garantizando la incertidumbre en torno de Grecia durante muchos meses más.

Porque un país que lleva en recesión desde el 2008, que debe 160% de su Producto Interno Bruto, que se evidencia como paralizado para hacer cambios políticos importantes y que achica su economía para salir adelante no parece una nación viable.

Como sea, el Dow Jones se prepara para los 13,000 puntos, el Nasdaq para los 3,000 puntos y hasta el S&P para los 1,400 puntos. Puro fetichismo numérico que, si sirve para mantener el ánimo de los mercados y ayudar a un círculo virtuoso de crecimiento, bienvenido.

LA PRIMERA PIEDRA

Lo peor que pueden hacer los dirigentes sindicales de Mexicana es despegar su movimiento hacia los cielos de la grilla electoral.

Hoy van a sobrar los defensores gratuitos que con tal de tener un grito de guerra contra el gobierno se ofrecerán a defender la causa de los trabajadores de Mexicana sin siquiera tener idea de lo que ha pasado con la empresa.

El argumento de políticos y líderes sindicales de que existe un complot universal para impedir el regreso de Mexicana al aire necesita ser demostrado. La victimización es un recurso común entre ciertos grupos, pero no sirve para la industria de la aviación.

Hoy para su causa ayudan más los argumentos que la estridencia.

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