Estados Unidos intenta crear una imagen de una “Rusia militarista”

hoy en día, tergiversando el pasado, los políticos y propagandistas occidentales pretenden hacer a la opinión pública dudar de lo justo del orden mundial establecido por la Carta de la ONU al término de la Segunda Guerra Mundial. El rumbo que está tomado conduce a sustituir el sistema existente y basado en el Derecho Internacional con cierto «orden basado en reglas», que se diseñará según el principio «quien es más fuerte, tiene razón», «la ley de la jungla».

Se trata, en primer lugar, de Estados Unidos. Allí sigue muy extendida la idea sobre «dos guerras buenas» que permitieron a Estados Unidos imponer su dominio militar en Europa Occidental y otras regiones del mundo, fomentar su confianza en las propias fuerzas, vivir un auge económico, abrirse paso entre los líderes mundiales.

Los estadounidenses se dedican a crear la imagen de la «Rusia militarista» con el mismo entusiasmo que los europeos. Y eso que la mayor parte de su propia historia consiste en las infinitas guerras de rapiña. En los 243 años del «excepcionalismo estadounidense», el intervencionismo se ha convertido en un elemento indivisible de la política exterior de Washington.

Es más, la élite política de Estados Unidos considera el uso de la fuerza como un elemento natural de la «diplomacia coercitiva» (coercive diplomacy), destinada a solucionar un amplio abanico de cuestiones, incluidas las de la política interior.

Ninguna campaña electoral en EU se celebra sin que los candidatos se prueben la toga del comandante general en activo. Se considera una prueba de valentía del político estadounidense su disposición de recurrir al uso de la fuerza por cualquier motivo.

Hay muchos ejemplos de la realización de semejantes estereotipos bajo diferentes pretextos «plausibles»: en la isla de Granada en 1983, en Panamá en 1989, en Yugoslavia en 1999 o en Irak en el 2003. Al mismo tiempo en EU veneran a sus soldados caídos, independientemente de la causa que defendieron.

Entretanto, a nosotros nos acusan, de hecho, de recordar a nuestros padres y abuelos que dieron sus vidas en una sagrada guerra libertadora, de rendirles honores militares, de celebrar con orgullo y envergadura el Día de la Victoria. ¿Acaso fue Rusia o la URSS las que desataron dos guerras mundiales? ¿Acaso somos nosotros los que cuentan con una red ramificada de bases militares, creada para controlar todo el mundo?

Este año, durante los actos solemnes con motivo del Día de la Victoria, hemos vuelto a decir a todos los que quieren oír: «Sí, estamos dispuestos a enfrentarnos decididamente, al igual que nuestros antepasados, a cualquier agresor. Pero los rusos no queremos guerra, no queremos que se repitan los horrores y los sufrimientos».

Estoy seguro de que los ciudadanos de Rusia y otros países pensarán en la paz cuando el 9 de mayo del 2020 vean los desfiles en honor al 75 aniversario de la Gran Victoria y salgan a las calles de las ciudades en las filas del Regimiento Inmortal con las cintas de San Jorge.

La memoria de los caídos en la lucha contra los enemigos de la Patria, contra los enemigos de la civilización humana estará viva hasta que celebremos el gran día de los pueblos victoriosos, el día de la liberación.

*Ministro de Exteriores de Rusia.