El mundo no ha tenido más tema que la pandemia del Covid-19. Esta enfermedad no hizo desaparecer los otros problemas, pero la mayoría giraron en torno a la indefensión humana frente al coronavirus.

Un ejemplo cercano es Donald Trump, quien no dejó de ser ese intolerante Presidente populista y egocentrista de Estados Unidos, pero su actuar y el juicio popular se dio en torno a su manejo de la pandemia.

En segundo plano quedó su guerra comercial con China, las amenazas a sus aliados y todo el desastre que causó con su rechazo al multilateralismo.

Pero tras la terrible enfermedad global quedaron otros problemas que mantenían sus plazos intactos. Uno de ellos que está a 15 días de cumplirse es la separación definitiva del Reino Unido de la Unión Europea.

El último día de enero de este año el Reino Unido dejó de pertenecer al bloque europeo, pero ante la falta de acuerdos para lograr la separación ideal, o al menos una menos dañina, las dos partes se dieron como plazo el resto de este año.

En eso estaban cuando llegó la pandemia, pero el reloj siguió su curso. Hoy sólo quedan 15 días para el rompimiento final y no hay acuerdos.

Las mayores dificultades que ahora enfrentan las negociaciones tienen que ver con asuntos pesqueros, temas de aviación y otros asuntos comerciales para regular la sana competencia entre británicos y europeos, incluyendo la manera de poder resolver controversias.

Hay que recordar que el primer ministro británico, Boris Johnson, se sentía increíblemente respaldado por el, tan parecido en muchas cosas, Presidente de Estados Unidos, pero, otra vez, entre la pandemia y la derrota electoral, Johnson se quedó huérfano.

Esta semana tendrán que concretarse algunos acuerdos emergentes de extensión de los plazos en materias específicas para evitar estragos mayores. Pero un acuerdo completo y satisfactorio ya parece muy difícil.

Esto abre la posibilidad de una nueva turbulencia financiera, porque si bien en materia de intercambios entre instituciones financieras parece no haber mayores dificultades, de cualquier forma, la ausencia de acuerdos completos en un divorcio de este tamaño puede generar un nerviosismo adicional en los mercados.

Europa, el Reino Unido y el resto del mundo tienen la mirada puesta en que funcionen las vacunas, haya suficientes y se apliquen pronto. Lo demás hoy puede ser llevadero.

Sin embargo, dejar cabos sueltos en este rompimiento puede implicar problemas futuros para el mundo cuando lleguen los tiempos de la nueva normalidad.

El próximo año debe ser el del inicio de la recuperación económica, los países saldrán de la recesión profunda provocada por la pandemia, pero será necesario mucho más de un año para tener los niveles previos a la crisis.

Y ahí el Reino Unido lleva la peor parte, porque no contará con los motores europeos para su despegue.

Estados Unidos ya no es el mercado abierto que les prometió Donald Trump y ahora deben empezar de cero con el gobierno demócrata de Joe Biden.

Así que ahí está la puerta abierta para un Brexit duro, uno que implique un problema adicional para las economías europeas tan dañadas por los efectos de la pandemia.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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