Estados Unidos produjo 200 mil barriles de petróleo shale cada día de 2007. Para 2013 la cifra había llegado a 3.4 millones de barriles diarios. En ese periodo, ninguna región del mundo creció tanto su producción como Estados Unidos. Este crecimiento exponencial fue posible por los avances en las técnicas de producción; los altos precios internacionales y un mercado financiero dispuesto a tomar riesgos, en un lapso en el que las tasas de interés se situaron muy cerca del Cero.

Hasta julio de 2014 la narrativa enfatizaba el milagro energético estadounidense. Estábamos ante el nacimiento de un nuevo paradigma donde las naciones petroleras del Medio Oriente tenían sus días contados como jugadores dominantes del mercado. Wall Street apostó con fuerza por este boom petrolero. Aprovechó el río de recursos baratos generados por la expansión monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos. Participó en emisiones de deuda de nuevas petroleras cercanas a 204 mil millones de dólares. Estas empresas alcanzaron 15.7% del total de las emisiones del mercado de junkbonds, valuado en 1.3 billones de dólares.

El círculo virtuoso se ha convertido en círculo vicioso. En el segundo semestre de 2014, el precio del crudo ha caído alrededor de 50%. El escenario brillante de las nuevas estrellas petroleras se ha oscurecido. Estas empresas enfrentan una prueba de stress. Algunas de ellas no sobrevivirán. La mayor es Occidental y parece estar más allá del bien y el mal. Tienen un valor de capitalización de 59,000 millones de dólares y un bajo nivel de deuda. No es necesariamente el caso de otras protagonistas del boom del shale, como EOG; Anadarko; Marathon; Ultra; Exco y Halcon. Las tres últimas tienen niveles de endeudamiento que son cuatro o cinco veces mayores que sus utilidades anuales.

Los bonos emitidos por algunas empresas petroleras tienen diferenciales de más de 9 puntos porcentuales, respecto a la tasa de referencia interbancaria. Esta cifra es parecida a la deuda de los PIIGS en el peor momento de la crisis europea. Hay nerviosismo justificado. El costo promedio de producción del petróleo shale en Estados Unidos está en 57 dólares por barril, incluyendo gastos financieros. Desde la semana pasada, los mercados internacionales ofrecen un premio por barril que no garantizan los costos. A ese nivel, 40% de los bonos emitidos por las petroleras especializadas en shale caerán en default, según JP Morgan.

Por lo pronto, se ha reducido 30% la actividad en Bakken, Dakota del Norte y Eagle Ford, Texas, de acuerdo a Drillinginfo. Estas dos regiones son las principales productoras de Estados Unidos. Juntas llegaron a producir casi tanto petróleo como Pemex, hace apenas unas semanas. Eagle Ford traía niveles de 1.4 millones de barriles diarios. Bakken, 1.2 millones.

Estamos ante el estallido de una burbuja. En un escenario puede ser algo parecido a lo ocurrido con las empresas de Internet en el año 2000, cuando hubo destrucción importante de riqueza pero no se registraron repercusiones sistémicas. En otro, tendríamos algo parecido a lo de las hipotecas chatarra, que abrió la caja de Pandora.

¿Cómo afectará esto al crecimiento de Estados Unidos en 2015? Por el momento, los pronósticos no lo han incorporado en su radar. Siguen hablando de 3 o 3.5% para la mayor economía del mundo. Pronósticos...ustedes sabrán si confían en ellos. Yo ya perdí la fe en ellos.