Seguramente la próxima semana ya tendremos de vuelta a Agustín Carstens atendiendo los asuntos del Banco de México, después de su intento de llegar a la Dirección del Fondo Monetario Internacional.

Por ahora, el candidato mexicano puede estar tranquilo, pues el banco central está entregando muy buenas cuentas en la lucha contra la inflación.

Los datos de esta semana comprueban que el reto de la economía mexicana está ahora por más evidencias de desaceleración que de inflación.

De hecho, el Índice Nacional de Precios al Consumidor registró un dato negativo de -0.05% durante la primera quincena de este mes, cuando los analistas esperaban una inflación de 0.12. Con esto, la inflación anual es de apenas 3.19 por ciento.

Entonces, con la inflación dentro de la meta del banco central ya durante algunos meses, no hay posibilidades de que se pudieran mover las tasas de interés. Más bien las preocupaciones son para los responsables de procurar el crecimiento económico.

En Estados Unidos ya vimos al señor Ben Bernanke hacer equilibrios sobre la cuerda floja que de un lado tiene la inflación y de otro el crecimiento, porque la Reserva Federal (Fed) debe atender los dos temas. Simplemente porque es lo lógico.

En México, el banco central sólo tiene en su mandato de ley cuidar la estabilidad de lo precios, no está entre sus preocupaciones oficiales procurar el crecimiento económico.

De hecho, ya vimos un episodio de esta realidad cuando a estas alturas del 2008 el presidente Felipe Calderón -respaldado por su Secretario de Hacienda, Agustín Carstens- pidió al Gobernador del Banco de México que bajara sus tasas de interés para impulsar el crecimiento económico.

Guillermo Ortiz, quien comandaba el banco central, defendió su postura con el argumento simple de que su trabajo era cuidar la inflación, no el crecimiento. Y ciertamente por aquellos días la inflación estaba en niveles muy por arriba de la meta que se había fijado el banco.

El Banco de México en estos tiempos tiene realmente poco que hacer. Depende básicamente de factores externos para tomar decisiones.

Por ejemplo, si suben las tasas de interés en Estados Unidos será porque hay presiones inflacionarias en aquel país. Eso puede hacer reaccionar a México, porque además ese incremento movilizará capitales que habrán de presionar al tipo de cambio y eso podría implicar presiones adicionales.

Pero por ahora, no hay nada de eso. De manera interna lo único que podría mover los precios y propiciar una actuación emergente del banco central es algún cambio en las políticas fiscales que implicaran aumentos temporales en los precios.

Por ejemplo, un cambio en las tasas impositivas, o bien, la eliminación de algún subsidio como el de las gasolinas.

Pero como estamos hablando de la antesala del 2012-el año electoral- es prácticamente descartable ese escenario.

Entonces, no está mal que el Banco de México esté prácticamente de vacaciones, claro que esto es un decir porque trabajan todo el tiempo. Pero me refiero que es positivo que por ahora estén tan tranquilos y sin apagar incendios.

Quizá por eso podría ser un buen momento para considerar si es prudente que el banco central mexicano tuviera otro tipo de atribuciones que lo hicieran más activo en la economía mexicana.

Por ejemplo, que su mandato fuera más allá de cuidar la estabilidad inflacionaria, para que le fuera obligatorio también procurar el crecimiento económico.

Así, como lo hace la Fed en Estados Unidos tendría la obligación de buscar la forma de que la economía creciera más con inflaciones bajas.

El peligro de modificar el mandato del banco central es que aplicaría la vieja consigna de las abuelas, cuando decían: El que mucho abarca poco aprieta . O sea que podría correr el riesgo de no hacer bien la tarea de control inflacionario y de fomento económico.

Además, darle tanto poder a un funcionario en México implica afinar un tiro al blanco para la grilla nacional. Un súper financiero de esa magnitud en México sería de inmediato, para nuestros usos y costumbres, un presidenciable.

Quizá algún día el Banco de México deba migrar con todo y su autonomía hacia una posición de más responsabilidades en la economía nacional. Pero por ahora y en lo que muchos otros hacen su tarea, quizá es bueno tenerlo así tranquilito y gozando de las buenas vacaciones que le dan las condiciones de estabilidad actuales.