Hacia finales de noviembre dedicamos una edición de Sin Fronteras a analizar el tibio papel que el Banco Central Europeo (BCE) estaba jugando en la resolución de la crisis europea y revisamos algunos de los argumentos de varios observadores que clamaban un rol más activo del BCE como condición necesaria para aliviar la crisis. Dentro de esos observadores, uno de los más vocales fue George Soros, quien en un editorial del prestigiado diario londinense Financial Times hizo un llamado contundente para que el BCE salvara a Europa .

Para muchos observadores, incluyendo a Soros, el BCE debería jugar un papel similar al que desempeñó la Reserva Federal (Fed) durante la crisis del 2008-2009. Recordemos que la crisis de confianza en EU se logró revertir mediante una recapitalización masiva de la banca con recursos del sector público y la Fed funcionando como proveedor de liquidez de última instancia mediante préstamos directos a bancos y comprando miles de millones de dólares de deuda gubernamental para financiar al gobierno estadounidense.

La recapitalización de los bancos y las subsecuentes pruebas de solvencia llevadas a cabo en el 2009 devolvieron la confianza a los mercados, permitiendo a los bancos comprar tiempo y recurrir a los mercados financieros para levantar capital en mejores condiciones y eventualmente sustituir el capital inyectado por el gobierno con capital privado.

Hasta hace muy poco, el BCE había sido renuente a jugar un papel más activo a pesar de que la crisis de confianza en Europa tiene paralelos importantes con la del 2008-2009 en EU.

Hasta hace unas semanas, el mercado de deuda soberana europea se encontraba sumido en una situación de desconfianza brutal, provocando un círculo vicioso donde la falta de confianza elevaba los costos de financiamiento de los países en crisis, haciendo cada vez menos sustentable su situación de finanzas públicas y cada vez más difícil su acceso al financiamiento vía mercados.

Esta situación amenazaba con transformar los problemas de liquidez en España e Italia en eventuales situaciones de insolvencia y además estaba elevando los costos de financiamiento de países relativamente sanos como Francia e inclusive Alemania.

El inminente congelamiento de los circuitos de crédito en Europa también amenazaba de manera frontal al sistema financiero internacional, ya que los bancos europeos tenían cada vez más dificultades para acceder al fondeo en los mercados.

Durante las últimas semanas, el BCE ha emprendido una estrategia de inyecciones de liquidez similar al Quantitative Easing implementado por la Fed. En los términos más llanos, el QE es la impresión de dinero por parte del BCE para proveer de liquidez a los gobiernos y bancos que enfrentan problemas para obtener financiamiento en condiciones razonables en el mercado. El BCE ha usado un mecanismo conocido como Operaciones de Refinanciamiento de Largo Plazo para salir al mercado a comprar deuda de países como Italia y además ha flexibilizado su postura en cuanto a los diferentes tipos de colateral que está dispuesto a aceptar para otorgar líneas de crédito a los bancos. El impacto en el mercado ha sido una clara baja en los costos de financiamiento para bancos y países europeos.

El BCE está finalmente actuando como proveedor de liquidez de última instancia al sistema financiero europeo, aliviando serias presiones que se estaban traduciendo en costos financieros sumamente elevados y en algunos casos insostenibles para ciertos países y bancos europeos. La anterior renuencia del BCE a imprimir billetes para proveer de liquidez al sistema estaba principalmente anclada en la postura históricamente conservadora de Alemania para el uso de la política monetaria.

Para los representantes alemanes en el BCE, el banco central debería limitarse a cumplir su mandato de mantener la inflación bajo control. Es claro que aunque la relajación de la política monetaria por parte del BCE podría traducirse en presiones inflacionarias en el futuro, el costo de mantener una postura más pasiva hubiera sido prohibitivamente alto para la Unión Europea y la economía global. La disposición del BCE para actuar como proveedor de liquidez de última instancia por un plazo que, en principio, podría durar hasta el 2013, representa un alivio para los mercados, ya que compra tiempo precioso para que los países y bancos europeos busquen una mejoría en sus condiciones fundamentales y lograr refinanciamientos por sí solos en el futuro. Sin embargo, los retos fundamentales de la Unión Europea prevalecen.