En el 2013, después de décadas de discusión, México finalmente logró elevar a rango constitucional la evidencia de que el sector energético era demasiado grande para Pemex por sí sola.

La idea, como yo la entiendo, nunca fue hacer sentir menos a Pemex. Lo que reconocimos como país es lo enorme y estratégico que es este sector, demasiado para uno solo.

Extrañamente, esta idea sigue siendo controversial. Se apunta al pasado para desacreditarla. Pero la realidad es que nunca ha habido evidencia de que Pemex podía, por sí sola, con todo. De lo que hay evidencia es que Pemex pudo con lo que pudo. Es titánico, histórico, quizás heroico. Pero no podemos perder de vista que no tenemos producción ni en aguas profundas ni en shale. Nuestros recursos están subexplorados. La red infraestructura en muchos rubros está subdesarrollada. ¿Cuánto más podríamos haber logrado energéticamente como país si desde hace tiempo hubiéramos complementado a Pemex con una industria competitiva? Nunca sabremos.

Forzar la máquina en Pemex, por su parte, ha generado algunas paradojas desafortunadas.

Hoy por hoy, Pemex ha declarado que vale más cuando refina menos. Y, considerando los costos de producción de algunos campos de producción petrolera, también podría ser más rentable cerrando algunas operaciones. Por la estructura de capital de la empresa, los mexicanos están perdiendo cada vez que Pemex produce barriles y litros marginales.

Este diagnóstico no es irrefutable. Pero no ha sido refutado exitosamente. Las críticas y soluciones planteados por la administración entrante han abarcado muchos temas. Pero, hasta ahora, han hecho poco por encarar este diagnóstico y sus evidencias. Se han limitado a aplicarle la ley del hielo: lo han hecho a un lado, como si no existiera. Pemex, en lugar de buscar corregirse y replantearse, ha sido llamada a pisar el acelerador: más exploración y producción, más refinación. Más recursos y más obligaciones. Arriba y adelante.

Se sobreentiende que hay un extenso trabajo de viabilidad técnica de fondo de cada propuesta planteada. Comparado con predicciones anteriores, por ejemplo, el equipo de transición ha presentado curvas de declinación de la producción de activos actuales más pronunciadas. También ha hecho patente su marcado optimismo sobre el potencial de producción de activos futuros (que aún no se descubren). Esto a fuerzas tiene que tener un sustento técnico profundo. Se necesitan demasiados supuestos para hacer una predicción de esta naturaleza.

Lo mismo pasa con la refinería. Para plantear un proyecto de 6,000 millones de dólares (más o menos la mitad de lo que hubiera costado el Nuevo Aeropuerto Internacional de México) es insuficiente haber identificado la justificada frustración de los mexicanos, técnicos y no, ante los altos niveles de importación de gasolinas. No hay de otra: el equipo de transición a fuerzas tiene que tener un mapa de necesidades de suministro, puntos de presión logística, viabilidad técnica, impacto ambiental y competitividad comercial.

Es momento de que los hagan públicos. El 9 de diciembre, si las declaraciones publicadas son acertadas, el ya presidente Andrés Manuel López Obrador presidiría la ceremonia de develación del plan de la refinería. Es una oportunidad única para que la nueva administración despeje las preguntas técnicas, económicas y comerciales que cualquier inversionista, analista y ciudadano pueda tener en torno al proyecto. También para demostrar en qué nivel va a buscar anclar la nueva administración los nuevos estándares de transparencia.

Lo que presenten el 9 de diciembre no sólo va a ser relevante para la futura refinería. Bajar las cartas técnicas, aterrizando las promesas políticas en proyectos ejecutivos, inevitablemente le va a dar inicio una nueva etapa en la discusión energética. Si el proceso se conduce con transparencia y apertura, necesariamente va a contrastar visiones e ideas, evidencias y realidades.

En el fondo, los planes de la administración entrante sugieren que Pemex puede tener un desempeño mucho mejor de lo que los datos públicos han sugerido, en casi todos los rubros. Urge conocer esta evidencia técnica para empezar a estudiarla. Ojalá la empiecen a soltar desde el 9 de diciembre.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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