La Cuarta Transformación inició con un símbolo muy oneroso sobre lo que presentaba como sus planes de destruir lo establecido para edificar nuevas estructuras desde una posición ideológica diferente.

Empezar ese cambio con un marro en la mano para derribar el avance de casi 40% en la construcción de un aeropuerto viable, para edificar una terminal aérea que es descalificada por los expertos en aviación, no fue la mejor manera para darse a conocer entre los que enfrentaban el cambio con dudas y temores sobre su viabilidad.

Por eso es que el error de octubre del 2018 sí fue tan costoso para el nuevo gobierno por ser una acción tan arbitraria, absurda, caprichosa e ilógica.

Cancelar la construcción en Texcoco para parchar la base militar de Santa Lucía tiene un costo, frena el desarrollo turístico y retrasa el progreso de la aviación comercial en el país. Pero el verdadero golpe fue a la confianza.

El modelo político de la voz única, fomentar una estrategia de división social, detestar cualquier cosa pasada y desconfiar hasta del equipo propio tampoco fueron elementos que muevan la economía mexicana hacia la meta inicial del presidente de crecer 4% sostenido cada año de gobierno y lograr una expansión del Producto Interno Bruto de 6% durante el 2024.

De este año que está por terminar se desperdició una condición económica global estable. La economía de Estados Unidos amplió por décimo año consecutivo su expansión y la tajada que sacamos de ese enorme pastel fue muy pequeña. De hecho, el sector industrial lleva un año entero en recesión.

Es muy difícil poder buscar culpables del estancamiento de la economía mexicana durante este año en el exterior. Y ha sido la falta de autocrítica interna la que impidió que se enmiende el camino en muchas decisiones gubernamentales que frenaron el crecimiento.

Freno a licitaciones energéticas, incumplimiento de contratos firmados por el gobierno con particulares, estancamiento del gasto público, iniciativas legislativas escandalosas, los niveles de impunidad y violencia más altos de la historia, y una lista mucho más larga de calamidades que inhiben la inversión y el consumo.

Algo que hay que reconocer en la fotografía final del 2019 es la estabilidad macroeconómica. Inflación estable, cuentas públicas dentro de los rangos aceptados de desequilibrio, una reducción porcentual de la deuda y como consecuencia estabilidad en los mercados financieros.

Lo que hay que cuidar es que se alcancen las metas de financiamiento del Presupuesto de Egresos, sobre todo en materia de programas asistencialistas, que no generan ingresos, pero sí multiplican cada día sus requerimientos.

Es un hecho que las expectativas económicas no son buenas para el 2020. Podrán ser mejores que las que se dieron a lo largo de este año, pero no suficientes para cubrir todas las necesidades de gasto.

Nadie desea que, a las preocupaciones actuales por la falta de crecimiento económico, se sumen angustias por posibles desequilibrios financieros en las cuentas públicas durante este próximo 2020.

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Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.