La tensión entre partidos y aspirantes a cargos electivos solía presentarse con mayor intensidad el año previo a una contienda federal o cuando había comicios locales con encuestas muy cerradas.

Hoy esa tensión es permanente y se adelanta cada vez más, en buena medida porque la pluralidad política y los comicios competidos son, como nunca antes en nuestro país, tanto a nivel local como federal, una realidad, en donde la alternancia es algo común y antes de que se abran las urnas nadie puede asumirse como ganador seguro, lo que implica que electoralmente siempre hay más en juego y, por lo tanto, el ambiente con discusión preelectoral adelantado se manifiesta consciente de que todas las competencias pueden ganarse porque los votos valen, cuentan y se cuentan.

Son las elecciones locales tan relevantes como las federales, porque en conjunto delinean el mapa político y los espacios que pueden incidir de forma efectiva en la visión de gobiernos y políticas públicas que ofertan partidos y candidaturas. Si no lo hacen a ojos de las y los electores, también puede llegar el voto de castigo pronto.

Existen reglas que buscan equidad entre las y los aspirantes que de forma natural y legítima buscan cargos de elección y van perfilando sus proyectos, de una u otra manera, años antes de la elección correspondiente. Esas reglas definen plazos para hacer precampañas al interior de partidos y plazos también para hacer campañas sin mordazas que lleven al absurdo de impedir en todo tiempo a las y los aspirantes exponer posturas políticas, pero que por ejemplo, sí restringen gastos o que se pida el voto de manera expresa antes del periodo legal diseñado para que todas las candidaturas puedan hacerlo con ciertas condiciones de equidad.

La tensión electoral adelantada no necesariamente viola las restricciones legales y de hecho es síntoma de una salud democrática, porque sin dejar de reconocer que siempre hay zonas que mejorar, es positivo para consolidar un modelo democrático que todas las ofertas tengan opciones de ganar, que coexistan las diferencias y se procesen de manera pacífica en un contexto en el que la coincidencia fundamental sea respetar el arreglo institucional y legal que permite hacer efectivo el voto y no contravenir el mandato que las urnas decidan.

Además de la tensión adelantada frente a los comicios federales del 2018, el 2016 es también un año electoral, si consideramos que pese a calendarios electorales que poco a poco se han ido empatando, todavía tenemos muchas elecciones locales año con año por diversas razones.

Arrancamos el año con los últimos días de campaña en la contienda extraordinaria que celebra Colima para elegir gobernador (el 13 de enero acaban dichas campañas) y la jornada de votación, que en esa entidad será el 17 de enero.

A lo largo del año vamos a desahogar 13 contiendas más, en Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

Ahí tenemos 12 gubernaturas en juego en junio de este año (sólo Baja California no elige para ese cargo), además de la que se resuelve en Colima en los próximos días. Se renuevan 965 ayuntamientos y 388 diputaciones locales.

Cerramos un año electoral 2015 intenso, que renovó la Cámara de Diputados y diversos cargos en 17 entidades (nueve gubernaturas incluidas), en el que la reforma constitucional y legal del 2014 implicó nuevas reglas y nuevos árbitros.

La tensión política del 2015 era natural porque había una competencia que se refrendó con los resultados finales. No es la excepción en tensión electoral del 2016 y ya no habrá tregua en esa tensión de cara a la contienda presidencial del 2018.

Se acabaron los tiempos en los que la efervescencia electoral disminuía mucho terminando una contienda presidencial o una intermedia federal, pero insisto en que eso tiene mucho de positivo porque acusa condiciones de competencia real. Los actores políticos han logrado procesar, y deben seguir por esa vía, esa tensión natural para que coexista con la vida institucional y con los acuerdos que las urnas les obligan a tomar con otros actores y partidos hasta que llega el momento de pedir el voto y someterse nuevamente a esas urnas que son las que deben decidir quién gobierna o quién representa.

*Consejero electoral del Instituto Nacional Electoral.

Twitter:@MarcoBanos