El año que inicia está cargado de propósitos y buenos deseos a nivel individual, y como sociedad de un país que tiene gran expectativa sobre lo que sucederá los próximos meses en distintos temas de la agenda nacional.

Al inicio de un nuevo año, vale la pena recordar aquello que nos hace distintos al resto de los seres vivos: nuestra inteligencia, voluntad y la capacidad que tenemos para elegir. ¿Por qué es oportuno destacar esto? Más allá de cualquier pronóstico sobre lo que podría suceder con la economía mexicana en los próximos meses o con la agenda de reformas que aguarda en el Congreso, el año 2013 será lo que nosotros decidamos.

Muchos analistas políticos consideran la presente Legislatura muy distinta a las anteriores por la rapidez con la que ha dado salida a temas tan importantes en relativamente poco tiempo. Tal como ocurrió con las reformas laboral y educativa deberá suceder con el resto de la agenda. No hay tiempo que perder.

La aprobación de estas últimas reformas ha enviado un mensaje al mundo de que México se mueve y lo hace en la dirección correcta. Si bien son reformas perfectibles, lo importante es que los partidos políticos están colaborando como hace mucho no ocurría.

Esto ha despertado un optimismo muy grande dentro y fuera de México, generando gran expectativa sobre cómo se traducirán tan esperadas reformas en un crecimiento más acelerado y sostenido de la economía mexicana. Es verdad que las reformas no son la panacea, pero sí ayudan a generar condiciones para quitar candados y eliminar obstáculos que alentaban muchos de los cambios pendientes.

Cuando identificamos señales positivas que indican un avance en el país, el riesgo es la complacencia. Es ahora cuando los mexicanos tenemos que entender que jugamos un papel fundamental en la vida pública de nuestro país. No podemos conformarnos pensando que el nuevo gobierno y esta Legislatura podrán hacerlo sin el consentimiento y permanente vigilancia de los ciudadanos.

Es ahora cuando nuestra responsabilidad ciudadana se intensifica. Es hora de identificar a nuestros representantes, seguirlos de cerca, pedirles explicación y cuentas de lo que están votando y decidiendo. Esta será la única manera de asegurar que los buenos deseos que impregnan estas primeras semanas del año no terminen desvaneciéndose. La gran noticia es que el futuro no está escrito, el 2013 será un gran año si así lo decidimos, depende de nosotros.

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