Trick or treat es el juego con el que muchos niños se divierten durante la celebración de Halloween, yendo disfrazados de casa en casa para reclamar regalos o dulces a cambio de no dar un susto. Por treat se suele entender dulce, y por trick la amenaza de no cometer una maldad. La traducción al español es truco o trato, pero también dulce o susto.

Los niños aprenden mientras juegan, que la amenaza de un premio o de un castigo cambia el comportamiento de los individuos y, al hacerlo a lo largo del tiempo, en muchos casos también cambia el comportamiento del conjunto de individuos.

El juego de los niños en Halloween es una simplificada, tosca y divertida aproximación al papel que desempeñan los incentivos en las sociedades; pero con reglas de niños en sociedades que los cuidan, a través de premios suaves y con un principio básico que siempre se debe cumplir en el juego: los niños -disfrazados para asustar- amenazan con hacer una maldad, pero suave, al tiempo que los adultos terminan dando el dulce.

Si el susto es muy severo o la reacción del adulto excesiva, a lo mejor acabaría en algunas zonas esa tradición de Halloween. Y ésa es una lección importante para los infractores y para los que sancionan.

La vida real es algo más complicada, pero este juego puede servir para explicar algunos episodios recientes. Desde el 2009 hemos asistido, sentados en primera fila por cierto, a juegos repetidos entre países y actores políticos para enfrentar la crisis que comenzó en el 2008 y que a menudo ha parecido jugarse con el descaro de un juego de niños que incumplían las reglas y con reacciones que parecían más un castigo, más para derrotar que para enseñar. En fin, juegos de adultos con reglas que iban cambiando: juegos difíciles que han lastrado la recuperación.

La construcción de las nuevas reglas de convivencia en Europa mientras se arreglan los graves problemas en algunos países y el debate fiscal en Estados Unidos son juegos que han parecido en los últimos años de susto o trato, pero tan mal jugados que a veces parecía que podían acarrear consecuencias muy graves. En otra división podemos colocar los intentos de China de transformarse a sí misma para seguir creciendo y aumentar el nivel de vida de sus habitantes, de Japón y de su lucha contra la deflación y el crecimiento nominal que dificultan el pago de la deuda. Se ha empezado por aceptar que existen y se ha seguido por intentar solucionarlos.

El 2013, sin embargo, termina con la impresión de que esos juegos se han jugado mejor. El arreglo fiscal en Estados Unidos, el acuerdo sobre la unión bancaria en Europa, la serie de medidas de reforma estructural anunciadas en China y por anunciar en Japón, ojalá que pronto, son señales en la dirección correcta.

Queda camino por recorrer, por supuesto. Europa sigue enfrascada en una transición que se percibe más aguda en los países que sufren la fragmentación financiera. Con respecto a EU, conviene recordar que los arreglos no incluyen un acuerdo sobre el techo de la deuda y siguen sin afrontarse los ajustes fiscales a largo plazo. También en China las medidas más difíciles están todavía pendientes de ejecutar, y en Japón

porque seguimos esperando a que llegue esa tercera flecha de las reformas.

Al final, la incertidumbre continúa porque los problemas de la vida real no son un juego, su solución requiere ajustes y cambios donde va a haber perdedores y ganadores. Pero, con todo, se puede decir que el 2013 ha sido el año en que los trucos se empiezan a convertir en tratos.

Un deseo para el 2014: que aprendamos todos a jugar mejor y que afrontemos juegos algo más grandes. Que sea el año en que los tratos se cumplan en beneficio de todos y el periodo en que empecemos a enfrentar en serio los cambios que necesitamos en muchos países para aumentar el crecimiento de manera sostenible y comenzar a atajar y solventar un problema que cada vez es más acuciante en este mundo que cambia tan rápido: la desigualdad.

*Jorge Sicilia, economista en jefe de BBVA.