Justo dentro de 366 días tendrán lugar las votaciones para renovar al titular del Poder Ejecutivo, a los 500 diputados federales, a los 128 senadores de la República y a una decena de gobernadores.

Hace mucho empezó la lucha entre los aspirantes a suceder a Felipe Calderón. Dentro de seis meses ocurrirán los primeros descartes; desde ahora podría establecerse –sin gran margen de error– que el PRI postulará a Enrique Peña Nieto. Los panistas, por su parte, decidirán entre Ernesto Cordero, Alonso Lujambio y Josefina Vázquez Mota y los perredistas entre Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador. Lo que apenas es un susurro –un posible cuarto o quinto contendiente– quizá entonces sea un grito desesperado.

Abundan los aspirantes, pero escasean las ideas sobre el rumbo que debe tomar México. Casi nada, respecto de los grandes problemas. ¿La economía? Nadie puede regatearle a la administración calderonista que haya orden y buenos balances. ¿La seguridad? El saldo rojo que ha dejado la guerra contra el crimen organizado es dolorosamente elocuente, desde ahora.

A los retos que plantean la desigualdad, la transparencia y la rendición de cuentas, se suman los desafíos por la falta de acceso a la justicia, por la nula reparación del daño.

La injusticia duele , sentenciaba en la víspera la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís Figueroa. Nos duele saber que un asesino quede libre; que una mujer indígena sea discriminada en su propia tierra o que hay jóvenes que ni trabajan ni estudian. En México, por siglos, hemos visto esa realidad, por eso sabemos que la injusticia nos lastima como individuos y nos hiere como nación .

La Magistrada hablaba a nombre de los integrantes de TEPJF en la explanada del Estadio Olímpico, en Ciudad Universitaria. A su lado estaban el rector de la UNAM, José Narro Robles, y el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Juan Silva Meza, reunidos para la entrega (tardía) de una escultura monumental que el Poder Judicial donó a la Máxima Casa de Estudios por los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.

La justicia –como enfatizó Alanís Figueroa– no sólo la dictan los jueces y magistrados. También debe expresarse en la inclusión política (y, por ende, en el abatimiento de la discriminación y cualesquiera otras prácticas asimétricas que lesionen a grupos vulnerables), en una correcta distribución del ingreso y la riqueza nacional, y en la expansión de los derechos sociales.

Ante las exigencias de la población, la clase política insiste en las viejas fórmulas, en los grotescos usos y costumbres de antaño. El ejemplo inmediato es contundente: la designación por unanimidad de Luis Castro Obregón y Mónica Tzasna Arriola Gordillo como Presidente y Secretaria General, respectivamente, de Nueva Alianza, el partido político apéndice del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Ambos fueron electos ayer en una convención extraordinaria que duró 90 minutos. En fast track, el exsecretario particular de la Presidenta Vitalicia del SNTE y la hija de ésta fueron aclamados por una desangelada multitud.

Como si fuera una representación teatral, el proceso de renovación de la dirigencia neoaliancista ocurrió en tres actos. El primero se celebró el pasado 9 de junio, cuando tuvo lugar –también con carácter de extraordinaria–una Asamblea en la que participaron los 1,500 integrantes de la Convención Nacional del partido aliancista, el máximo órgano de dirección de esa organización política nacida hace seis años.

El punto cinco de la orden del día de esa reunión establecía el mecanismo para seleccionar a los 300 consejeros nacionales que, a su vez, elegirían al nuevo Presidente y a la nueva Secretaria General, de conformidad con el artículo 22 fracción III del estatuto que rige la vida interna de Nueva Alianza. Esa ocasión, además de votar una reforma al estatuto, los asambleístas validaron la convocatoria para la primera sesión del pleno del Consejo Nacional, que también adquirirá el carácter de extraordinaria. La cita había sido programada para el 20 de junio, pero desavenencias familiares –la insistencia de Maricruz Montelongo, hija mayor de La maestra, y su esposo Fernando González, subsecretario de Educación Pública, de que Emilio Zebadúa se hiciera cargo del partido– la retrasaron 10 días. El pasado fin de semana, en la residencia que Elba Esther Gordillo Morales tiene en Coronado, California, hubo un cónclave familiar, donde la lideresa magisterial escuchó a las partes en pugna. Al final, tuvo una decisión salomónica: negarle la Presidencia de Nueva Alianza a Mónica, pero dejarle el control absoluto de esa organización política. Ayer, después del pase de lista y la declaratoria legal de quórum, el presidente saliente, Jorge Kahwagi, presentó su último informe de labores. Hasta entonces, los consejeros supieron que Castro Obregón y Arriola Gordillo integraban la planilla única. Vino entonces su nombramiento por aclamación. Muchos de los asistentes al salón donde se efectuó ese cambio de poderes nunca antes habían visto o escuchado a Castro Obregón –politólogo de conceptos brillantes, pero escasa vida pública, más acostumbrado a escribir discursos y no a leerlos– quien ayer destacó por la reluciente funda de su iPad.

Su compañera de fórmula –en los hechos su verdadera jefa– destacó por la enorme hebilla de su cinturón. Una pieza única que revela sus creencias en el Zohar y, por ende, en la Cábala.