Esta noche quisiera invitarlos a un ejercicio imaginario -expresó la candidata del PAN en el debate del pasado domingo-. Durante casi toda la vida política de México los hombres han tenido un protagonismo mayor, prueba de ello es el debate que hoy tenemos en este país: tres hombres, una mujer. Mi único propósito de invitarlos a hacer este ejercicio de imaginación es que nos puedan juzgar a todos por igual .

Víctima del sopor que produce el acartonamiento mezclado con el lugar común y la solemnidad, cabeceaba yo cuando oí la invitación de Josefina Vázquez Mota. ¡Vaya! -me dije desperezándome-. Esto va a ponerse bueno -pensé y cambié mi postura (no política sino anatómica: estaba acostado y me senté con entusiasmo)-.

Entusiasmo se levantó y se fue sin escuchar en que consistía el ejercicio imaginario al que la aspirante de Acción Nacional nos invitaba a realizar con el único propósito de que la audiencia juzgáramos a los cuatro contendientes por igual .

A continuación transcribo la formulación del ejercicio tal como lo expresó la candidata. Entre paréntesis mis comentarios con un alto contenido de bullying político:

Hagamos de cuenta que en lugar de tres hombres y una mujer, fuésemos tres mujeres las que estuviésemos aquí . (Por lo pronto doña Josefina ya nos hizo imaginar que uno de sus contendientes no existe o, cuando menos, no está presente. Aceptada la práctica de la figuración, cabe hacerse una pregunta: ¿a cuál de los tres hombres le negó la panista la posibilidad de imaginarlo mujer?)

(Luego de pensarlo, este textoservidor llegó a la siguiente conclusión: El hombre al que la señora Vázquez Mota omitió del ejercicio de imaginarlo mujer puede ser cualquiera de estos dos: 1. Enrique Peña Nieto, porque sería la más bonita de las cuatro. 2. Gabriel Quadri, porque las mujeres no tienen bigote y en caso de tenerlo recurren a la depilación o al afeitado, pero no lo lucen en público.

Al proseguir con su planteamiento los espectadores nos dimos cuenta de que el dar de baja del elenco femenino a uno de sus contendientes no lo hizo a propósito, fue un lapsus en el que cayó la abanderada del panismo. Equivocación generada por el nerviosismo, perturbación comprensible desde el punto de vista de que los candidatos en esos momentos se jugaban la aceptación popular, pero criticable desde la óptica de que el precitado debate también es un examen al que se someten los aspirantes ante la opinión pública de, entre otras características, autocontrol y capacidad de reacción ante la presión o el estrés. Sé que a estas alturas de la columna más de algún lector ya habrá calificado a quien la pergeña de pasado de lanza . Este güey -dirá un leyente, probablemente de filiación panista - ¿quién se cree? Busca la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio . Estoy de acuerdo con quien se exprese así de este escribiente. Si así me perciben quienes se atreven a descifrar mis escritos habré cumplido con uno de mis objetivos: Burlarme de los que se burlan de nosotros y hace muchos años que advertí que los políticos, con serlo, se burlan de los ciudadanos. Está en su naturaleza. En el caso de Quadri que se dice candidato ciudadano, la burla se potencia en grado superlativo. Pero ya va siendo tiempo de cerrar el paréntesis del comentario para regresar a lo dicho por Josefina Vázquez Mota en el ejercicio de imaginación al que nos convocó para medir con la misma vara a los cuatro contrincantes del precitado debate. Sólo pido que el escarnio hacia la aspirante del blanquiazul no sea juzgado como misoginia, sino, por el contrario, como una muestra de que en esta columna campea la equidad de género).

Entre mujeres te veas

Continúo con la transcripción (y los comentarios). Luego de establecer que los cuatro panelistas pertenecían al género femenino, la postulante a la Presidencia de la República por el Partido Acción Nacional dijo así con inspirado acento: Aquí a mi derecha (a su derecha está el yunque) tendría una candidata del PRI, muy bien peinada, arreglada (como corresponde la señora de la casa), seguramente le gusta la televisión (entre leer y ver la tele: la tele) y también tiene pues sus mañas (practica la zoofilia se dice que copula con una gaviota), aunque (conjunción adversativa e innecesaria) tiene muy malas compañías (para empezar las tres chicas que en este momento la acompañan).

Enseguida estaría la candidata del Panal, una mujer capaz, pero que tiene un problema grave: tiene que pedirle permiso a su mamá para ir a cualquier lugar y expresar cualquier idea . (Mamá, ¿me dejas ir a China a proponerles que hagamos un Tratado de Libre Comercio. Con una condición mijito, que convenzas a los docentes chinos, que son un chinero, que se unan al SNTE. Imagínate, así, como estamos, somos el sindicato más grande de Latinoamérica, con los maestros chinos seremos el mayor del mundo: Hasta el Papa va a necesitar nuestro apoyo).

Tendríamos una candidata del PRD que sería muy difícil de entender. (Sobre todo cuando utilice localismos tabasqueños como camajanes y machuchones).

Una mañana se levantaría amorosa y por la tarde, tal vez (forma adverbial de posibilidad, o sea como puede que sí, puede que no, lo más probable es que quien sabe), nos podría desconocer; si juega un buen partido de dominó (pasatiempo femenino por antonomasia) y gana estaría muy contenta, pero si lo pierde, seremos traidores (bueno, si jugaste como su compañera y por tu culpa le ahorcaron la mula de seises, sí) o habríamos hecho un complot .

Yo estoy aquí como esta cuarta mujer (a la que al principio se le olvidó que eran cuatro), que como al igual de millones de mujeres he luchado fuerte y he luchado duro. Sólo me gustaría hacer una pregunta en este ejercicio imaginario para el que pido consideración. Si aquí fuésemos cuatro mujeres, yo haría la siguiente pregunta: ¿a quién le dejarías encargada a tu familia?

(Yo se la encargaría a Javier Solórzano, el moderador, porque las cuatro mujeres presentes iban a estar muy ocupadas debatiendo).

Complacencia

Un lector: José Luis Hernández Peláez, me sugiere que escriba sobre la propuesta que en un foro internacional hiciera el ingeniero Carlos Slim sobre la conveniencia de subir la edad de jubilación a los 70 años. Me pregunta cuál es mi opinión sobre esa idea y con ironía cuestiona: ¿A poco nos van a dar chamba hasta esa edad?

Con su pregunta entre broma y veras toca un tema que ignoro si esté contemplado en la reglamentación de la jubilación, pero que de no estarlo debería ser tomado en cuenta. Hay de chambas a chambas. El solicitante de este comentario es contador público, trabaja para una empresa trasnacional -no diré su nombre porque es una complacencia no un anuncio- ubicada en la ciudad de Querétaro. Estimado don José Luis: un trabajo como el suyo puede desempeñarse con dignidad y eficacia hasta los 70 y más. El problema de una jubilación a los 70 años es para aquellos que trabajan con el físico -no me refiero a los ayudantes de Einstein-. Para los que su trabajo lo efectúan con su cuerpo: mineros, trabajadores de la construcción e inclusive meseras de Sanborns. De ese tipo de trabajadores los patrones se deshacen en cuanto les comienzan a doler las rodillas y/o la cintura -a los trabajadores, por supuesto-.

Una chamba como la del señor Slim -ser el hombre más rico del mundo- o como la mía -estar chingue y chingue a través de mis letras minúsculas- se pueden hacer toda la vida o hasta que el Alzheimer ataque.

¿En qué me quedé? Ah, ya me acordé. Iba yo a decirles que estoy próximo a cumplir 67 años y que quiero trabajar hasta que muera. Y quiero morir de orquitis (se los dejo de tarea).