Tengo la impresión de que, tanto en México como en Chile, aún se conoce poco sobre una dimensión original de sus relaciones bilaterales: la cooperación para el desarrollo. Sabemos que chilenos y mexicanos contamos desde 1999 con un Tratado de Libre Comercio y, desdel 2006, con un acuerdo de cooperación estratégica, que brinda una inspiración de largo plazo a nuestro vínculo. Sabemos también que existe sintonía fina y admiración mutua, en pocas palabras, una efectiva amistad, entre los dos países, pero no estamos del todo informados sobre esta cooperación sur-sur, tal vez porque good news, no news. Lo cierto es que México y Chile, países de ingreso medio alto, crearon en el 2006 el Fondo Conjunto de Cooperación, que financian y administran la Agencia de Cooperación Internacional de Chile (Agci) y la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid). Hasta la fecha, el fondo ha dispuesto de 10 millones de dólares y ha favorecido a 50 proyectos bilaterales. Y, un compromiso regional a destacar: parte de los recursos beneficia ahora a países vecinos con situaciones apremiantes.

Cada año se convoca a instituciones del sector público de ambos países a proponer proyectos que fomenten el intercambio de experiencias y conocimientos en diversas áreas. Esta semana las agencias acaban de anunciar la convocatoria 2012. En rigor, los resultados de esta cooperación horizontal han sido notables. El fondo ha respaldado proyectos en cultura, medio ambiente, justicia, prevención del delito, intercambio comercial, fomento productivo, competitividad y educación intercultural.

Tres son, a mi juicio, proyectos emblemáticos de nuestra cooperación: uno, el apoyo chileno a la reforma que México realiza a su sistema de justicia penal para modernizarla y hacerla más efectiva. Es un campo en el cual Chile exhibe un avance reconocido en los últimos años.

Otro es el apoyo mexicano a la restauración de murales de las ciudades de Chillán y Concepción, declarados patrimonio cultural, que fueron dañados por el terremoto del 2010, uno de los tres peores que ha azotado a la humanidad. Huelga destacar aquí la celebrada capacidad de México en la restauración de arte. Los murales son Muerte al invasor , de David Alfaro Siqueiros; De México a Chile , de Xavier Guerrero; Presencia de América Latina , de Jorge González Camarena, y Tupahue , de Juan O’Gorman y María Martner.

El tercer proyecto es la cooperación triangular, que comprende la enseñanza de español a funcionarios de países del Caribbean Community (Caricom), el fortalecimiento de cuadros gubernamentales y la construcción de escuelas en Haití, así como la capacitación en gestión migratoria para funcionarios de América Latina y el Caribe.

Recientemente, cerca de Querétaro, visité CIASPE (Centro de Innovación de Agricultura Sostenible en Pequeña Escala), que dirige Gaby Lucas.

Allí expertos chilenos de Fosis (Fondo de Solidaridad e Inversión Social) estudiaban la producción agrícola ecológica en espacios reducidos.

CIASPE capacita a sectores vulnerables en el manejo de una agricultura sustentable en sus propios terrenos, meta loable en un mundo en que se encarecen los alimentos. Lo llamativo: las huertas familiares incorporan formas ancestrales de producción, desahuciadas en el pasado por un progreso mal entendido. Esta semana expertos mexicanos viajarán a Chile a conocer nuestra experiencia en ese ámbito. Junto a comunidades vulnerables, académicos y emprendedores privados, como el presidente de GMI, Oscar Peralta Navarrete, las agencias Agci y Amexcid fomentan técnicas tradicionales e innovadoras en la producción agrícola en pequeños escala.

Según Rogelio Granguillhome y Jorge Daccarett, directores de Amexcid y de Agci, respectivamente, los excelentes resultados de esta colaboración constituyen una práctica inspiradora para otros países y la cooperación triangular expresa el nivel de madurez logrado por el esfuerzo chileno-mexicano. En medio de una coyuntura mundial en que algunos recortan su ayuda al desarrollo o recurren al proteccionismo, alienta comprobar que México y Chile se mantienen fieles al libre comercio y enriquecen sus relaciones. Financiada con recursos públicos, esta cooperación sur-sur beneficia en primer término a sus ciudadanos, desde luego, pero no olvida a países de la región que afrontan situaciones complejas y precisan de apoyo externo.

*El autor es Embajador de Chile en México. Académico, columnista y escritor. Su más reciente novela se titula El último tango de Salvador Allende (Random House, México, 2012).