A finales del año pasado, cuando enfilaban a la definición de su candidato a la Presidencia de la República, imperaba una idea entre los priístas: sin importar a quién eligieran -los prospectos eran el senador Manlio Fabio Beltrones y el exgobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto- el regreso a Los Pinos estaba garantizado.

El PRI había logrado recuperar Michoacán, después de dos administraciones consecutivas del PRD y tenía en Fausto Vallejo a su vigésimo Gobernador. Con dos tercios de las gubernaturas bajo su control, en el 2012 desplegaría toda la fuerza de su maquinaria electoral.

¿Y si la elección se cerrara? Eso no ocurrirá si Enrique Peña Nieto es el candidato , respondían sus promotores, tendría muchos votos y ganaríamos la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y el Senado de la República .

Entonces se hablaba del proyecto nacional , cuyas líneas estratégicas se trazaron en la Casa de Gobierno de Toluca y eran compartidas, apoyadas por lo menos por una docena de mandatarios estatales.

Peña Nieto hizo su parte, mas no así sus contrapartes. El capítulo electoral de esta historia contiene claroscuros. En el Estado de México, donde el abanderado de la coalición PRI-Partido Verde gobernó entre el 2005 y el 2011, en su favor se generaron 2.9 millones de votos; casi 16% del total de votos que acumuló el pasado domingo 1 de julio.

En territorio mexiquense -donde se concentra el padrón más grande de la República- hubo comicios concurrentes al federal para renovar al Congreso local y la integración de 125 ayuntamientos. Los resultados preliminares ofrecidos por las autoridades electorales en esa localidad revelan que la oposición le arrebató 32 alcaldías al PRI.

Si no fuera por la victoria de Peña Nieto, en el PRI mexiquense hubieran rodado cabezas. Hace tres años, el PRI ganó 95 de las 125 -mantendrán el mismo número de gobiernos municipales-, pero recuperó posiciones que estaban en manos del PRD en la zona oriente, la más poblada de la entidad.

Esta vez, las izquierdas tuvieron una recuperación asombrosa. Ganarán en Calimaya, Ixtapan de la Sal, Nezahualcóyotl, Villa de Allende, Tlatlaya, Tonatico, Texcoco, Tultepec, Teotihuacán, San Simón, Santo Tomás, Xonacatlán y Valle de Chalco-Solidaridad, municipio emblemático porque fue fundado en el último periodo del sexenio del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

Al final de los conteos municipales, impulsados por un efecto AMLO, podrían alcanzar el triunfo en una veintena de municipios. Ahora mismo, están pendientes los resultados en Chimalhuacán, Ecatepec -el municipio más poblado del país- y Tlalnepantla.

Aun si estos últimos triunfos no se confirmaran, hay evidencia suficiente para establecer que en la zona centro-occidente del país se ha establecido un cinturón amarillo... cuyo elemento cohesionador se llama Andrés Manuel López Obrador.

De la mano de AMLO, los candidatos postulados por los partidos que integran al Movimiento Progresista tendrán 150 diputados federales y senadores de mayoría en el Distrito Federal, Morelos, Guerrero, Puebla, Oaxaca, Tabasco y Quintana Roo.

En la zona conurbada a la ciudad de México está el centro de esa franja, donde hay una tímida línea blanquiazul. Los candidatos panistas ganaron las alcaldías de Apaxco, Atizapán de Zaragoza, Atlautla,­ Coatepec Harinas, Chiconcuac, Hueypoxtla, Huehuetoca, Joquicingo, Melchor Ocampo, Otumba, Tequixquiac, Texcaltitl­án, Zahualpan y Zumpahuacán.

El PAN se colocó en el tercer lugar de las preferencias electorales en el Estado de México y en el Distrito Federal, donde también se renovaron los poderes locales.

Los panistas, sin embargo, tuvieron un voto diferenciado: Isabel Miranda de Wallace, en la elección de Jefe de Gobierno, atrajo 13.6% de los votos en la ciudad de México; los candidatos panistas a la Asamblea Legislativa, por el contrario, atrajeron 10 puntos más que la candidata ciudadana .

Cuando comienza a hablarse de la fortaleza electoral de las izquierdas en la zona centro-occidente del país, entre los priístas también se hacen los primeros análisis electorales. En el Distrito Federal, de la mano de Beatriz Paredes Rangel, alcanzan el segundo lugar, con 20% de las preferencias electorales y 923,000 votos.

De acuerdo con sus estimaciones, aspiraba al triunfo en seis delegaciones, pero sólo podrán confirmar la victoria de su candidato, Adrián Ruvalcaba, un experredista que pudo acceder a la candidatura gracias a la alianza con el Partido Verde, organización que llevó mano en la postulación de las fórmulas por el Senado de la República.

En la primera, iba el diputado federal Pablo Escudero, quien -de acuerdo con un reporte interno- habría aportado 263,000 votos, mientras que Araceli García Rico, al frente de la segunda fórmula, metió 846,000 votos.

Sin un efecto Peña Nieto, entre los priístas capitalinos comienzan los repartos de culpas dado este descenso en las preferencias electorales.

Araceli García Rico, quien hizo campaña estando embarazada, por sí sola metió más votos para el PRI en Distrito Federal que la propia Beatriz Paredes Rangel , observan líderes locales.