Esta semana retomamos actividades después de los festejos decembrinos, y miles de niños y jóvenes se incorporan de nuevo a sus clases. Una sociedad educada es una sociedad incluyente; la inclusión no es más que lograr la participación activa de la sociedad en la economía, en la educación, en el trabajo y, en general, en todos los procesos sociales.

Tener crecimiento económico a la par de inclusión social es la aspiración de todos los gobiernos. En ese sentido, el crecimiento inclusivo debe verse desde varios pilares: la dotación de servicios básicos e infraestructura, la eficiencia del mercado financiero para generar inversión en la economía real, la certeza jurídica de nuestro patrimonio, el nivel de facilidad para la creación de nuevos negocios y el emprendimiento, la calidad de los empleos y los salarios, las transferencias fiscales o política social para incidir en los lugares de mayor desigualdad, y finalmente, pero no por ello menos importante, la educación.

La educación es la columna vertebral para el crecimiento económico incluyente. Retomo la valiosa perspectiva del candidato presidencial Pepe Meade Kuribreña “en materia educativa, tenemos un gran legado que defender”, pero “también tenemos pendientes que completar”. A pesar del enorme esfuerzo por mejorar la infraestructura de miles de escuelas y finalmente tener un sistema educativo que asegura que los maestros se capaciten y se evalúen, es evidente que durante décadas hemos desaprovechado talento y hemos dejado de invertir en tecnología e innovación.

El índice para una Vida Mejor de la OCDE arroja que México es el país con la peor calificación, principalmente por la falta de educación de calidad e inversión en innovación. También seguimos estando en lugares promedios en competitividad según el Foro Económico Mundial, y una de las variables que pesan es precisamente la mala calidad de la educación primaria y la baja educación y formación superior.

Los mexicanos pasamos en promedio 15 años en el sistema educativo entre los cinco y los 39 años de edad; esta cifra es la menor para los países de la OCDE y lejana al promedio de 17 años. Procurar que los jóvenes no tengan que renunciar a sus estudios por cuestiones económicas o peor aún por falta de oportunidades es fundamental si buscamos alcanzar una economía más incluyente.

Es relativamente incongruente que seamos considerados un país con ingreso per cápita medio alto a nivel mundial, y al mismo tiempo, tengamos indicadores significativamente bajos en inclusión social, esto es debido a que el crecimiento que hemos alcanzado no se traslada adecuadamente a la sociedad.

¿Qué debemos procurar para México? Sin duda consolidar la reforma educativa, esto nos permitirá tener un sistema básico y superior de mayor calidad con maestros realmente capacitados para la más importante labor profesional: formar el futuro de México, a nuestros niños y jóvenes. También se debe mejorar la educación y capacitación técnica de acuerdo con las exigencias del mercado laboral, considerando los recursos naturales, la ubicación y las habilidades que nos distinguen como país, además de las oportunidades económicas de cada región. El sistema educativo, no sólo el público sino también el privado, debe garantizar resultados equitativos; es decir, egresados calificados, independientemente de los antecedentes socioeconómicos, pareciera ser que el mexicano calificado es sólo el que tiene posibilidades de estudiar en escuelas reconocidas, y eso no es incluyente.

El camino es aún largo, pero prometedor, y me encanta que sea un tema que se discuta ampliamente en el contexto electoral de estos días. Hasta aquí mi participación semanal, espero sus comentarios en mis redes sociales.

¡Hasta la próxima!

*Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.