Como sabemos, el dinero es parte de nuestras vidas y lo usamos para todo en nuestro día a día: comer, transportarnos, tener un lugar donde vivir, construir un patrimonio, entre muchas otras cosas.

Por eso es tan importante la educación financiera, para aprender a controlarlo y no dejar que el dinero nos controle a nosotros. Para manejarlo con inteligencia y para vivir mejor, entendiendo que el dinero es una herramienta para lograr objetivos y nunca un fin en sí mismo. 

Lamentablemente, a pesar de su importancia, la educación financiera no se enseña en las escuelas. Los niños, por el contrario, aprenden lo mucho o poco que saben de dinero en casa, viendo el ejemplo de sus padres o de sus abuelos. 

En mi caso particular, como he contado en este espacio, tuve la oportunidad de ver las dos caras de la moneda. Aprendí viendo dos ejemplos distintos que contrastaban: el de mis padres y mis abuelos maternos. Un caso era de caos y estrés cada vez que llegaba el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, el otro de orden, tranquilidad y seguridad financiera. Eso me permitió saber, al menos de manera general, cuál de los mundos quería construir para mí. 

Hay muchas maneras de introducir educación financiera en casa, pero lo que es más importante es que nuestros hijos vean congruencia entre lo que les decimos y lo que hacemos. No sirve de nada enseñarles a ahorrar, si ellos ven que nosotros no lo hacemos y, por el contrario, vivimos endeudados. Es fundamental tener esto muy claro. 

¿Qué estrategias podemos usar para que ellos aprendan, de manera congruente, con el ejemplo que nosotros les estamos dando? 

1. Enseñarles a ahorrar. Los niños están acostumbrados a la satisfacción inmediata. Cuando quieren un dulce, es en ese momento, no para otro día. Su cerebro está programado de esa manera.

Pero podemos enseñarles a distinguir ciertas cosas que pueden comprar hoy con el dinero que tienen (por ejemplo, ese dulce) y otras que tienen un valor mayor. Como no les alcanza, la única forma es guardar un poquito para que, en un tiempo determinado, hayan juntado lo suficiente para comprarlas. 

En este sentido funciona muy bien una alcancía, por varias razones. Los niños físicamente sienten el dinero y pueden meter monedas (o billetes) adentro. Están tomando una decisión consciente de guardar para eso que quieren comprar. Obviamente hay que adaptar esta estrategia de acuerdo con la edad del niño. Cuando son pequeños, es importante que ahorren para cosas que puedan comprarse en un plazo relativamente corto, para que no pierdan el interés o no se frustren. A medida que crecen, ellos mismos aprenderán a poner sus metas.

2. Que entiendan el valor del trabajo. Esto puede ir ligado un poco a la estrategia anterior. Los niños, desde pequeños, pueden ganarse su dinero siempre y cuando ayuden con ciertas tareas en casa, adecuadas a su edad. 

Sin embargo, debemos tener muy clara la diferencia entre sus obligaciones, y los trabajos que pueden hacer en casa. Hay padres que “pagan” a sus hijos por sacarse buenas calificaciones en la escuela. Eso no es correcto, porque estudiar es parte de su papel como hijos (lo deben hacer igualmente, aunque no se les pagara). 

Pero sí se pueden asignar tareas en casa y llevar un pizarrón donde se anote qué hicieron y qué no. El domingo (día de “pago”) se reúne la familia y a cada hijo se le “paga” según su cumplimiento (es decir, si hicieron 80% de lo que tenían que hacer, se les da 80% de su “domingo”). 

contacto@planeatusfinanzas.com

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

Lee más de este autor