Durante años, una parte central de la política educativa en México ha sido mantener contento al SNTE, habiéndole otorgado enorme poder económico y, peor aún, político. Prebendas a cambio de nada. El resultado de tal política está a la vista: un sistema de incentivos perversos que resulta en una educación de muy mala calidad, tal como lo muestran los resultados de las pruebas ENLACE y PISA.

El que la educación que reciben los niños y jóvenes sea -por decir lo menos- mediocre tiene graves consecuencias sobre el proceso de desarrollo económico y sobre el bienestar de las familias. Jóvenes que, al ingresar al mercado laboral, no tienen los suficientes conocimientos que debieron ser adquiridos durante su estancia en el sistema escolar, naturalmente tendrán bajos niveles de productividad y, en consecuencia, bajos niveles salariales.

Más aún, jóvenes que perciben que no es rentable seguir invirtiendo en la acumulación de capital humano al egresar de la educación media básica, porque los mayores salarios que se pudiesen obtener de otros tres años de estudio no justifican la inversión adicional, los inducen a ya no estudiar la educación media superior, lo cual a su vez tiene efectos negativos importantes. Uno de los aspectos claves de la educación formal es que permite que los individuos, cuando ya están laborando, tengan la capacidad de adaptarse con relativamente bajos costos a las nuevas tecnologías de producción. Si por haber recibido una educación básica de mala calidad y no haber estudiado la educación media superior, no pueden adaptarse a la modernización tecnológica, ello deriva en que la adopción de técnicas modernas de producción se vuelve un proceso más caro para las empresas, limitando en consecuencia el incremento en la productividad de los factores de la producción. Y es clave enfatizar que la principal fuente de crecimiento económico es precisamente la modernización tecnológica que resulta en un incremento en la productividad factorial total. México ha experimentado durante tres décadas un crecimiento económico mediocre porque no ha habido un aumento significativo de la productividad.

Es obvia la imperiosa necesidad de cambiar los incentivos, tanto para los maestros como para los estudiantes. De ahí el nuevo esquema de gratificaciones para los profesores que acordaron la semana pasada el gobierno federal y el SNTE, que establece que 50% se basará en la calidad de la educación que impartan los profesores. En principio este esquema suena bien ,pero el problema va a ser la implementación y su medición.

La prueba ENLACE sólo se aplica en tercero y sexto de primaria: ¿Cómo evaluar a los maestros de los otros grados?

Habría que extender los exámenes estandarizados a todos los niveles. En la educación media básica no existen mecanismos de evaluación y el examen PISA solo se aplica a jóvenes de tercero de secundaria y solamente en algunas áreas del conocimiento. Obviamente, habrá que implementar mecanismos eficientes y transparentes de evaluación en los tres grados de secundaria.

Suponiendo que todo esto se logra, no es suficiente para tener una educación de alta calidad. Se necesita además una absoluta transparencia y que padres de familia puedan conocer la evaluación de cada uno de los profesores.

Más aún, se necesita que los padres puedan elegir libremente a cuál escuela enviar a sus hijos. Si queremos una mayor calidad de la educación es necesario una transformación de fondo del sistema educativo. El puro maquillaje no sirve.

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