Estamos presenciando cómo la pandemia y la recesion económica están afectando a las actividades económicas a nivel mundial. Existen varios ejemplos en distintos países acerca de la forma en la que se está enfrentando esta situación, los cuales están basados en planes integrales entre sectores públicos y privados utilizando el endeudamiento como principal instrumento. Los gobiernos están incrementando sus niveles de dueda pública para inyectar recursos a la economía, al mismo tiempo que aplican una política fiscal expansiva, con el objetivo de evitar la quiebra de las empresas y, por ende, el desempleo. En Alemania el endeudamiento pasará del 60% al 75% del PIB a finales de este año según fuentes oficiales, en Brasil el incremento será del 93.5% al 99.1% del PIB según el Ministerio de Economía de ese país, JP Morgan estima que la deuda de Estados Unidos será del 108% del PIB para el 2021 y, en el caso de México, la Secretaria de Hacienda y Crédito Público publicó que actualmente el endeudamiento es del 49.5% del PIB.

Al mismo tiempo, las empresas están implementando planes sectoriales o individuales cuya característica también es el endeudamiento. Particularmente en el mercado mexicano, y debido a la ausencia del gobierno federal en materia de apoyos económicos y/o fiscales, varias empresas están reestructurando sus deudas o están adquiriendo mayores niveles de deuda. Empresas como Aeroméxico, Grupo Posadas, Alsea, Kimberly-Clark, Cox-Energy, Traxión, Fira, Femsa, GAP, entre muchas otras, han colocado deuda en los mercados financieros por montos que van desde 300 mdp hasta 8,500 mdp, tan sólo en las últimas semanas.

Ante la contracción de la demanda agregada, el endeudamiento parece ser una salida relativamente sencilla. Sin embargo, si la recuperación económica es muy lenta, el endeudamiento público y privado sin duda se convertirá en un lastre. Los compromisos adquiridos tendrán que solventarse y por ello habrá consecuencias naturales en materia de precios e impuestos. Justamente en días recientes el Fondo Monetario Internacional destacó el fuerte crecimiento de la deuda pública mundial y pidió a los países que instrumenten reformas fiscales una vez concluida la crisis económica, lo cual implica aumento de impuestos y disminución de gastos. Las empresas, podrían verse obligadas a incrementar precios y disminuir costos precisamente buscando el mismo objetivo.

Lo anterior es motivo de preocupación en si, pero hay algo todavía más inquietante. Si empresas y gobiernos no pueden cumplir sus compromisos en materia de endeudamiento, entonces se puede gestar una crisis financiera que agrave aún más la crisis económica en la que estamos inmersos; la pandemia aún no está controlada y los agentes económicos ahora incorporan en sus decisiones la salud y el riesgo de contagio, el distanciameinto social sigue siendo, y así debe ser, un instruemento de control para ir mitigando la pandemia. Esto necesariamente implica que la demanda agregada siga estando contraída y, en consecuencia, todas las actividades económicas también lo estarán. Mientras este escenario en el ambito de la salud no esté resuelto, difícilmente tendremos una recuperación económica relativamente acelerada. Por primera vez, en mucho tiempo, las medidas contracíclicas no dependen de un instrumento de política económica.

*El autor es economista de formación, con maestría y doctorado en Ciencias Económicas por la UAM. Realizó estudios sobre “International Political Economy” en London School of Economics, Reino Unido,  en 2016 y en 2017.

Es secretario de Investigación de la Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana, (UP), campus México. Se ha desempeñado como jefe de la Academia de Economía, Secretario Académico y Secretario de Investigación de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, profesor investigador de tiempo completo. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde el 2010.