Tras meses de incertidumbre y volatilidad en la economía global y los mercados por la guerra comercial desatada entre China y Estados Unidos, arrancamos el año con un sesgo positivo al haberse logrado la firma del acuerdo comercial fase 1 que ponía fin a las hostilidades comerciales y que abría nuevas perspectivas para el desarrollo de la economía

Sin embargo, este renovado optimismo se vería ensombrecido a mediados del mes de enero con el brote en China de un virus en Wuhan que amenaza de nueva cuenta las perspectivas de crecimiento económico y que ha venido a contagiar a los mercados de una fuerte volatilidad.

Hasta el momento, no se saben aún las consecuencias reales que el coronavirus tendrá en la actividad económica del planeta, pero ya diversas corredurías, agencias calificadoras y organismos internacionales han comenzado hacer proyecciones, que para ser sinceros suenan preocupantes.

El Deutsche Bank estima que el efecto del coronavirus podría significar una reducción del crecimiento global de 0.5% en el primer trimestre, mientras que para China podría representar una disminución de su PIB de 6.1 a 4.5%, mientras que Goldman Sachs es aún más pesimista al estimar que el retroceso en el PIB global podría ser de 1.4% para el primer trimestre.

Por lo pronto, los síntomas del coronavirus ya se han manifestado en sectores como el turismo, transporte aéreo y de carga, donde varias aerolíneas han suspendido temporalmente sus vuelos a China a fin de tratar de evitar la rápida propagación del virus. A las aerolíneas se han sumado también las empresas navieras que han decidido dejar de viajar a puertos chinos ante la alarma sanitaria, lo que sin duda tiene un impacto en el comercio internacional y por ende en la economía.

La propagación del virus golpeó fuertemente a los mercados al ver en las bolsas caídas espectaculares en sus cotizaciones para luego recuperar parte del terreno perdido y quedar en tensa calma a la espera de la evolución e impacto real del virus; sin embargo, considero importante destacar que las bolsas estadounidenses presentan rendimientos muy magros al ganar el Dow Jones, el NASDAQ y el S&P 1.8, 6.11 y 3%, respectivamente, en lo que va del año, mientras que el IPC de nuestro país apenas ha tenido un rendimiento positivo de 1.97% en el mismo periodo.

Por su parte y ante la renovada expectativa de una desaceleración global, los precios de los commodities también se han visto impactados negativamente en sus cotizaciones. Tan sólo para que se den una idea, el precio del petróleo ha caído para el WTI 17.59%, el del Brent del Mar del Norte, 17.47, y la mezcla mexicana, 20.16%, para lo cual la OPEP más Rusia han hablado de posibles nuevos recortes en su producción a fin de paliar la contingencia, sin que por el momento se haya logrado un consenso.

Por su parte, los bancos centrales están atentos a la evolución e impacto del coronavirus en la economía a fin de tomar medidas de ser necesario, y tratar de esquivar la posible desaceleración económica, pero por lo pronto, el banco central de China ya le inyectó liquidez a su mercado buscando estabilizar sus cotizaciones y será interesante escuchar la opinión de Jerome Powell, presidente de la Fed, el próximo martes y miércoles ante comisiones del Congreso.

Para nuestro país, las cosas se ven complicadas, ya que de acuerdo con agencias calificadoras, bancos y organismos financieros internacionales, si bien es cierto que en el 2020 nuestra economía podría tener un crecimiento positivo, los más optimistas no lo ven por arriba de 1%, mientras que los más pesimistas lo ubican en niveles de 0.6% y si a esto le sumamos la última lectura de la inflación emitida por el Inegi a enero que mostró un repunte al ubicarla en 3.24% anual, su mayor nivel en seis meses, la situación se vuelve aún más preocupante.

Por ahí dicen los chinos que aparentemente encontraron la vacuna para el coronavirus, pero la vacuna para la volatilidad en los mercados se llama coberturas de precios.

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