Los individuos derivan satisfacción, y en consecuencia bienestar, de que a mayor sea la riqueza, mayor será el número de necesidades que puedan satisfacer.

En las obras de Adam Smith encontramos dos postulados que en principio suenan contradictorios y que dan lugar a lo que se conoce como el “problema de Smith”.

Por una parte, en la Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones (RN) escribió: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero lo que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni le hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”.

Por otra parte, en la Teoría de los sentimientos morales escribió: “Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de los otros y hacen que la felicidad le resulte necesaria, aunque no derive de ella más que el placer de contemplarla”.

¿Es realmente un problema, una contradicción? La respuesta es no. El propio Smith, en la Teoría de los sentimientos morales, da la respuesta cuando afirmó: “la sociedad de personas distintas puede subsistir, como la de comerciantes distintos, en razón de su utilidad, sin ningún amor o afecto mutuo; y aunque de ella ninguna persona debe favor alguno o está en deuda de gratitud con nadie, la sociedad podría mantenerse a través de un intercambio mercenario de buenos oficios de acuerdo con una evaluación condensada”.

Salvo casos patológicos tipo Rico McPato, los individuos no derivan satisfacción per se de la acumulación de riqueza, éste no es el objetivo último del individuo. Los individuos derivan satisfacción, y en consecuencia bienestar, de que a mayor sea la riqueza, mayor será el número de necesidades que puedan satisfacer. La ambición y el egoísmo se derivan de una realidad inexorable: los recursos son escasos y de uso múltiple y diverso y de ahí que cada quien buscará utilizarlos en aquella actividad en la cual el rendimiento esperado sea el mayor posible aprovechando las ventajas comparativas que se posea.

El propio Smith lo señala en la RN: “Siempre será máxima constante de cualquier prudente padre de familia no hacer en casa lo que cuesta más caro que comprarlo. Interesa a todos emplear su industria siguiendo el camino que le proporciona más ventajas”. Aprovechar las ventajas comparativas es racional, mientras que es un sinsentido tratar de ser autosuficiente.

Los recursos son escasos y en su utilización se busca tratar de obtener el mayor rendimiento posible porque es a través de esto que se genera el ingreso para satisfacer con éste las necesidades, las cuales son múltiples, competitivas y se pueden ordenar. Las familias tienen una infinidad de necesidades que quisieran satisfacer pero, dado que los recursos son escasos (en este caso el ingreso y el tiempo), es necesario elegir cuáles se van a satisfacer, en qué orden y con qué intensidad. Las decisiones que se toman dentro del hogar y que en principio buscan maximizar el bienestar conjunto de sus integrantes tienen siempre un elemento de egoísmo pero también de altruismo, como lo es destinar recursos a la formación de capital humano de los hijos. Es un hecho, como lo reconoce Smith, que el altruismo se debilita a medida que nos alejamos del círculo social cercano y de ahí que fuera de este círculo predomine el egoísmo. El altruismo puro es, en realidad, incompatible con la libertad, los derechos individuales y la prosperidad.

¿Qué ganamos viviendo en sociedad? Poder aprovechar las ventajas comparativas y llevar a cabo operaciones de intercambio. Y dado que los recursos son escasos y no bienes libres, es que la curva de demanda tiene pendiente negativa y esto no es inmoral.

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Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.